ASESINOS en SERIE – RECOPILACIÓN

Joe Ball – El Carnicero de Elmendorf


Frank Ball llegó a Elmendorf, un pequeño pueblo al sudeste de San Antonio, Texas, alrededor de 1885. 

A través de un préstamo del banco local abrió una fábrica para procesar algodón y la llegada del tren, pocos años después, hizo prosperar su negocio volviéndolo rico. Frank se casó con Elizabeth, y acrecentó su fortuna haciendo negocios de bienes raíces, eventualmente abrió una gran tienda en el pueblo.

La familia Ball crió en total ocho hijos, Joseph D. Ball, su segundo hijo, nació el 7 de enero de 1896. La niñez de Joe fue normal, pero era un niño de carácter retraído que disfrutaba más de la pesca y largas excursiones en solitario, que de actividades con otros chicos. 

Siendo ya un adolescente adquirió pasión por las pistolas y solía pasar largas horas practicando el tiro, se sabe que llegó a ser un tirador muy habilidoso.

En 1917, cuando los Estados Unidos declaran la guerra a Alemenia, Joe se enlista y es enviado al frente poco después. No existen registros sobre su desempeño durante la guerra, pero sobrevive y en 1919 es dado de baja honorablemente y regresa a Elmendorf.

A su regreso trabaja durante algún tiempo con su padre, pero al parecer, los dos años en las trincheras le hacen difícil adaptarse a la vida civil y renuncia. 

Habiendo aprendido algo de negocios, se da cuenta que La Prohibición ha dado lugar a una grandemanda de licor ilegal por lo que decide dedicarse al contrabando y, a pesar de los riesgos (mismos que parece disfrutar), se dedica a recorrer la región en su Ford modelo A vendiendo whisky.

A mediados de los años 20, Joe contrata a un joven afro-americano llamado Clifton Wheeler para que le ayude en el negocio, siendo un tipo inteligente y más bien taimado, pronto él queda encargado del trabajo sucio. 

Se ha dicho que Clifton temía a Joe, ya que cuando éste se emborrachaba, se entretenía haciéndolo bailar disparando a sus pies.


Al finalizar La Prohibición, el negocio de Joe se vino abajo, pero, aprovechando sus conocimientos en el negocio del licor, decide abrir una cantina. 

Así es como, tras comprar un terreno a la orilla de la carretera a las afueras de Elmendorf, construye una taberna con dos habitaciones en la parte de atrás y la bautiza con el nombre de Sociable Inn. 

El lugar no es más que una habitación grande con mesas y un piano en donde los parroquianos pueden beber y ocasionalmente disfrutar de una pelea de gallos.

Joe siente que debe de contar con alguna atracción que haga llegar más clientes, así que construye, en la parte trasera de la taberna (arriba), un pequeño lago artificial rodeado con una reja de tres metros de altura en donde pone cinco caimanes vivos…



Aún cuando el negocio parece ir bien, Joe siente que debe de contar con alguna atracción que haga llegar más clientes así que construye, en la parte trasera de la taberna, un pequeño lago artificial rodeado con una reja de tres metros de altura en donde pone cinco caimanes vivos, uno grande y cuatro más pequeños. 

El éxito es inmediato y sus nuevas mascotas atraen a muchosnuevos clientes. Los sábados son especialmente concurridos ya que ese día Joe tiene un “show” especial que consiste en alimentar a los caimanes con algún mapache, perro, gato o cualquier otro animal vivo del que pueda echar mano.

Además de los caimanes, el éxito de la taberna está en que Joe siempre se las arregla para contratar chicas jóvenes y guapas para atender a los parroquianos. Ninguna de las chicas parece quedarse demasiado tiempo pero él siempre lo explica diciendo que son chicas que van de paso buscando la manera de hacer un poco de dinero rápidamente.

En 1934 Joe conoce a Minnie Gotthardt, una chica de 22 años de Seguin a quien apodan “Big Minnie”. A pesar de que ella no agrada a la mayoría de sus clientes, Joe comienza una relación con ella y juntos atienden el Sociable Inn durante los siguientes tres años. 

Los problemas comienzan cuando Joe se enamora de una de sus meseras más jóvenes, Dolores “Buddy” Goodwin. La cosas se complicaron aun más en 1937 cuando entra a trabajar a la taberna Hazel “Schatzie” Brown, una guapa chica de 22 años que de inmediato comienza a recibir las atenciones de Joe.

En 1937 Joe se casa con Dolores y le confiesa que Minnie Gotthardt (arriba) no huyó del pueblo sino que él la asesinó y la enterró en la arena. Ella no le creyó y el tema no se volvió a tratar…

En el verano de 1937 el problema de Joe se soluciona parcialmente al salir de escena Big Minnie, según explica a amigos y familiares de la mujer, Minnie decide dejar el pueblo tras dar a luz a un bebé de color.

Algunos meses más tarde Joe se casa con Dolores, a quién confía que no es verdad que Minnie huyera, según le cuenta, la verdad es que él la llevó a una playa cercana, le disparó en la cabeza y la enterró en la arena. 

Ella no le cree y el asunto no se vuelve a tratar entre ellos.

En enero de 1938 Dolores se ve envuelta en un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida, como resultado le es amputado el brazo izquierdo. Rápidamente comienzan a correr rumores de que la verdad es que uno de los caimanes de Joe le había arrancado el brazo. 

Independientemente de cuál haya sido la verdad, Dolores desapareció misteriosamente el siguiente abril y no demasiado tiempo después Hazel también.

Quizá las mujeres no fueran muy fieles a Joe ni él a ellas, pero ese no era el caso con sus caimanes. 

Según se cuenta, cuando un vecino reclamó a Joe por el fuerte olor a carne podrida del alimento de sus mascotas, Joe tomó una escopeta y le sugirió que no se metiera en asuntos que no eran de su competencia a menos que quisiera terminar como alimento él mismo. El vecino decidió cambiarse a otro pueblo.

El negocio de Joe parecía ir viento en popa no obstante la continua desaparición de sus ayudantes, pero a mediados de 1938 la familia de Minnie comenzó a hacer preguntas de nuevo al no poder localizarla a pesar de los esfuerzos de la oficina del Sheriff del condado de Bexar. 

Como Joe había sido su último amante y patrón conocido, fue interrogado en varias ocasiones, sin embargo, sin evidencias de algún crimen, tuvieron que dejarlo en paz.

Algunos meses más tarde, los familiares de otra chica desaparecida, Julia Turner de 23 años, acudieron a la Policía. Como Julia también había sido empleada de Joe nuevamente la Policía lo interrogó; él les dijo que al parecer la chica había tenido algunos problemas locales y había decidido marcharse del pueblo. 

Las investigaciones de la Policía concluyeron que ella no había regresado al departamento que compartía con otra chica pues su ropa y efectos personales aún estaban ahí: los investigadores regresaron a la taberna e interrogaron de nuevo a Joe. 

Esta vez él “recordó” que la chica estaba realmente desesperada y él le había prestado quinientos dólares ya que ella ni siquiera quería regresar a su departamento.

Un vecino informó a la Policía que había visto a Joe cortando trozos de carne humana para sus caimanes. 

El alguacil John Gray (arriba) escuchó sobre un barril “con olor a muerto”

Durante los meses siguientes dos chicas más, empleadas de Joe, desaparecieron. 

Los ayudantes del sheriff interrogaron a Joe durante horas pero no lograron sacarlo de su posición inocente; las chicas habían dejado el pueblo, él no sabía nada más. 

Al no tener alguna prueba contra él, de nuevo tuvieron que dejarlo ir.

El 23 de septiembre de 1938 la suerte de Joe comenzó a decaer. 

Un viejo vecino de Joe declaró a la Policía que lo había visto cortando pedazos de carne humana para alimentar a sus caimanes. 

Mientras la Policía decidía qué acción tomar, un méxico-americano pidió ayuda al alguacil de condado de Bexar, John Gray, sobre un barril “con olor a muerto” que Joe había dejado tras el granero de su hermana. 

A la mañana siguiente los alguaciles John Gray y John Klevenhagen fueron a investigar pero el barril había desaparecido. De nuevo decidieron visitar a Joe.

Cuando Gray y Klevenhagen llegaron al Sociable Inn informaron a Ball que lo iban a llevar a San Antonio para interrogarlo, Joe accedió y pidió permiso para cerrar apropiadamente el establecimiento, ellos accedieron. 

Joe tomó una cerveza y la dejó caer, se acercó a la caja registradora y oprimió la tecla “NO SALE” (Sin Venta), cuando el cajón de la registradora se abrió tomó de él un revolver colt calibre 45 y, tras colocárselo contra el pecho, jaló del gatillo ante la impotencia de los agentes. El disparo fue mortal.

Alguaciles de toda la región convergieron en la taberna para la investigación, tras encontrar carne en estado de putrefacción en el lago de los caimanes y un hacha cubierta con sangre y pelo desarrollaron la teoría de que Joe descuartizaba a sus víctimas y alimentaba con ellas a sus mascotas.

Las investigaciones concluyeron que solamente Clifton Wheeler podría haber ayudado a Joe en estas espeluznantes tareas, así que Wheeler fue detenido y llevado a San Antonio para su interrogatorio.

Al principio Wheeler negó tener conocimiento alguno de las acciones de Joe, pero tras todo un día de preguntas finalmente aceptó colaborar. Explicó a los agentes que Hazel Brown, una de las chicas de Joe, se había enamorado de otro hombre y estaba planeando irse para comenzar una nueva vida. 


La noticia y el que ella lo acusara de haber asesinado a Minnie hicieron que Joe perdiera los estribos y la matara. Para poder corroborar el hecho le pidieron que les mostrara en donde estaba enterrado el cuerpo.

Al día siguiente Wheeler los condujo a un sitio apartado, a unas tres millas de pueblo, cerca del río San Antonio. 

Ahí comenzó a cavar en un sitio en que la tierra estaba medio suelta y poco después descubrieron dos brazos, dos piernas y un torso en avanzado estado de putrefacción, cuando le preguntaron por la cabeza el señaló los restos de una hoguera. Entre las cenizas se encontraron una mandíbula, algunos dientes y pedazos de un cráneo humano.

Wheeler les contó que una noche, tras haber estado bebiendo copiosamente, Joe le había ordenado traer algunas cobijas y una lata de alcohol, después habían recogido del granero de su hermana un barril de 55 galones y en el auto de Joe lo habían llevado hasta el río. 

Una vez ahí Joe lo había obligado, a punta de pistola, a cavar una fosa y cuando abrieron el barril dentro estaba el cadáver de Hazel. Siempre bajo amenazas, lo había obligado a ayudarlo a desmembrar el cadáver. Una vez enterrado éste, Ball arrojó la cabeza de Hazel a la fogata.

Cuando lo interrogaron sobre Minnie Gotthardt, dijo que Joe la había llevado a Ingleside, cerca de Corpus Cristi, donde después de beber en cantidad, le había pegado un balazo en la cabeza. Joe la mató porque descubrió que estaba embarazada y no quería que esto interfiriera en su relación con Dolores. Ambos la enterraron en la arena.

El 14 de octubre de 1938 fue encontrado el cuerpo de Minnie donde Wheeler había dicho que estaría.

Cuando fue interrogado sobre la desaparición de las otras chicas negó saber algo al respecto. Wheeler se declaró culpable de complicidad bajo amenazas y fue condenado a dos años de prisión.

Entre las cosas que se encontraron el la taberna de Joe estaba un álbum con fotografías de docenas de mujeres, nunca se comprobó que Ball las hubiera conocido realmente, pero según el alguacil J. W. Davis, podría ser la pista de varios otros asesinatos.

En cuanto a Dolores, fue localizada varios meses más tarde en California, a donde había huido para comenzar una nueva vida. También fue encontrada en Phoenix, Arizona, otra de las chicas supuestamente desaparecidas. 

Los caimanes de Joe terminaron en el zoológico de San Antonio.

Las investigaciones concluyeron que la sangre y pelo encontrados en el hacha tomada de la taberna de Joe no eran humanos, pero muchas de las chicas desaparecidas jamás fueron localizadas. 

En 1957 Dolores declaró en una entrevista con el periódico San Antonio Light que Joe Ball era un hombre dulce y cariñoso que jamás haría daño a nadie que no le obligara a ello, además dijo que Joe había alimentado a sus caimanes con carne humana… 

La duda quedará por siempre…

Erzsébet Bathory – La Condesa Sangrienta

El caso de este personaje resulta verdaderamente interesante para la historia del crimen en serie, partiendo en un principio del hecho que sea una de las pocas mujeres que haya asesinado de una manera tan cruel… a cerca de 650 doncellas.

Además de una perversión sádica y sexual, la Condesa Elizabeth Báthory sentía especial atracción por la sangre, y no sólo se contentaba de beberla, como es habitual en los llamados asesinos vampíricos, sino que se bañaba en ella con el fin de impedir que su piel envejeciese al paso de los años.

Nace en 1560 en el seno de una de las más ricas familias húngaras. 

Si bien pertenecía a la más ilustre y distinguida aristocracia, siendo su primo Primer Ministro de Hungría, y su tío Rey de Polonia, también existen antecedentes esotéricos entre los miembros de su familia, como pueden ser un tío adorador de Satán y otros familiares adeptos a la magia negra o la alquimia, entre los que se puede contar a la propia Báthory, ya que desde su infancia había sido influida por las enseñanzas de una nodriza que se dedicaba a las prácticas brujeriles.

Cuando sólo contaba con 15 años se casa con un noble, el conde Nadasdy, gran guerrero conocido como “El Héroe Negro”, y se van a vivir en un solitario castillo en los Cárpatos.

El conde no tarda en ser reclamado en una batalla, por lo que se ve obligado a dejar sola a Elizabeth por un tiempo. 

Al cabo de muchos momentos en espera de su marido, ésta se aburre por el continuo aislamiento al que estaba sometida, y se fuga para mantener una relación con un joven noble al que las gentes del lugar denominaban “el vampiro” por su extraño aspecto. 

En breve regresa de nuevo al castillo y empieza a mantener relaciones lésbicas con dos de sus doncellas.

Una de las representaciones oficiales de Elizabeth Báthory, cuyo número de víctimas fue aproximadamente 650…

Desde ese momento, y para distraerse de las largas ausencias de su marido, comienza a interesarse sobremanera por el esoterismo, rodeándose de una siniestra corte de brujos, hechiceros y alquimistas.

A medida que pasaban los años, la belleza que la caracterizaba se iba degradando, y preocupada por su aspecto físico pide consejo a la vieja nodriza. 

Ésta, le indica que el poder de la sangre y los sacrificios humanos daban muy buenos resultados en los hechizos de magia negra, y le aconseja que si se bañaba con sangre de doncella, podría conservar su belleza indefinidamente…

En esa época, la Condesa tubo su primer hijo, al que siguieron tres más, y si bien su papel maternal le absorbía la mayor parte del tiempo, en el fondo de su mente seguían resonando las palabras tentadoras de la nodriza: “belleza eterna”.  

Al principio intentó alejarlas de sí, posiblemente no por falta de deseo o valor, sino por temor a las consecuencias de cara a la aristocracia, pero años más tarde cuando su marido fallece no tarda en probar los placeres sugeridos por la bruja.

Al poco tiempo moriría su primera víctima: una joven sirvienta estaba peinando a la Condesa, cuando accidentalmente le dio un tirón. 

Ésta, en un ataque de ira le propinó tal bofetada que la sangre de la doncella salpicó su mano. 

Al mirar la mano manchada de sangre, creyó ver que parecía más suave y blanca que el resto de la piel, llegando a la conclusión que su vieja nodriza estaba en lo cierto y que la sangre rejuvenecía los tejidos. 

Con la certeza de que podría recuperar la belleza de su juventud y conservarla a pesar de sus casi cuarenta años, mandó que cortasen las venas de la aterrorizada sirvienta y que metiesen su sangre en una bañera para que pudiera bañarse en ella.

A partir de ese momento, los baños de sangre serían su gran obsesión, hasta el punto de recorrer los Cárpatos en carruaje acompañada por sus doncellas en busca de jóvenes hembras a quienes engañaban prometiéndoles un empleo como sirvientas en el castillo. 

Si la mentira no resultaba, se procedía al secuestro drogándolas o azotándolas hasta que eran sometidas a la fuerza. Una vez en el castillo, las víctimas eran encadenadas y acuchilladas en los fríos sótanos bien por un verdugo, un sirviente o por la propia Condesa, mientras las víctimas se desangraban y llenaban su bañera.

Una vez dentro de la pila, hacía que derramasen la sangre por todo su cuerpo, y al cabo de unos minutos, para que el tacto áspero de las toallas no frenase el poder de rejuvenecimiento de la sangre, ordenaba que un grupo de sirvientas elegidas por ella misma lamiesen su piel. 

Si estas mostraban repugnancia o recelo, las mandaba torturar hasta la muerte. Si por el contrario reaccionaban de forma favorable, la Condesa las recompensaba.

A veces, las víctimas más sanas y bellas eran encerradas por años para irles extrayendo pequeñas cantidades de sangre mediante incisiones, a fin de que Elizabeth pudiera bebérsela y conservar su belleza (retratada arriba por un fan).



En algunas ocasiones, las víctimas que le parecían más sanas de mejor aspecto eran encerradas durante años en los sótanos para ir extrayendo pequeñas cantidades de sangre mediante incisiones afín que la dueña del castillo pudiera bebérsela.

Por otro lado, las calaveras y los huesos eran también aprovechados por los hechiceros del castillo, convencidos que sólo un sacrificio humano podía dar buenos resultados para realizar sus experimentos alquímicos.

Durante once años, los campesinos aterrados veían el carruaje negro con el emblema de la Condesa Báthory rastrear el pueblo en busca de jóvenes, que desaparecían misteriosamente dentro del castillo y que nunca volvían a salir.

Los cuerpos sin vida eran sepultados en las inmediaciones del castillo, hasta que finalmente, sea por pereza o descuido, tan sólo los arrojaban al campo para que las alimañas acabasen con ellos.


Algunos aldeanos no las tenían todas consigo por los gritos estremecedores que se oían salir del lugar, y se empezaron a extender rumores por todo el pueblo de que algo raro sucedía en el castillo.

Finalmente estos pueblerinos empiezan a rondar por las inmediaciones, en dónde se encuentran con los restos de más de una docena de cuerpos sin vida. Éstos armaron una revuelta insistiendo que el castillo estaba maldito y era además una residencia de vampiros, quejándose ante el propio soberano.

Atacar a una familia de poder en esa época era algo verdaderamente difícil, y sobre todo si como en este caso, el acusado además de ser una persona distinguida entre la nobleza tenía amigos igual de poderosos por todas partes. 

Por ese motivo, el emperador comienza por no prestar atención a las quejas de su pueblo, pero finalmente envía una tropa de soldados que irrumpen en el castillo en 1610.


En base a las ruinas que quedaron, los expertos piensan que así (imagen superior) lucía el castillo de la perversa condesa

Al entrar, los soldados encuentran en el gran salón del castillo un cuerpo pálido y desangrado de mujer en el suelo, otro aún con vida pero terriblemente torturada, que había sido pinchada con un objeto para extraerle la sangre, y una última ya muerta tras ser salvajemente azotada, desangrada y parcialmente quemada. 

En los alrededores del castillo, desentierran además otros cincuenta cadáveres.

En los calabozos, se encuentran a gran cantidad de niñas, jóvenes y mujeres aún en vida a pesar que algunos de ellos tenían señales de haber sido sangrados en numerosas ocasiones. 

Una vez éstos liberados, sorprenden a la Condesa y a algunos de sus brujos en una de las habitaciones del castillo en medio de uno de estos sangrientos rituales. Rápidamente son detenidos y conducidos a la prisión más cercana.

Los crímenes sádicos de Báthory habían durado aproximadamente diez años.

En el juicio, sobraban pruebas para condenar a Elizabeth Báthory culpable de los múltiples crímenes cometidos, pues no sólo se habían encontrado ochenta cadáveres sino que los guardias estaban de testigos para declarar que la habían visto matar con sus propios ojos.

Ésta confesaría haber asesinado junto con sus hechiceros y verdugos, a más de 600 jóvenes y haberse bañado en “ese fluido cálido y viscoso” afín de conservar su “hermosura y lozanía”.

Le seducía el olor de la muerte, la tortura y las orgías lesbianas. Decía que todo lo mencionado poseía un “siniestro perfume”. Sus cómplices fueron condenados culpables, unos decapitados y otros quemados en la hoguera.

 Báthory, aún contando con el privilegio de pertenecer a la nobleza y ser amiga personal del rey Húngaro, fue condenada por éste mismo a una muerte lenta: la emparedaron en el dormitorio de su castillo, dejándole una pequeña ranura por la cual le daban algunos desperdicios como comida y un poco de agua. 

Murió a los cuatro años de permanecer en esa tumba, sin intentar comunicarse con nadie ni pronunciar la mínima palabra. Fue una especie de suicidio, de repente dejó de tocar alimento alguno y falleció en 1614 cuando contaba con 54 años.

Resulta curioso señalar un paralelismo entre esta mujer y otro vampiro histórico muy conocido: Gilles de Rais, pues aunque éste cometió sus crímenes dos siglos antes, procedían de manera muy similar: ambos pertenecían a la alta nobleza. 


Él era homosexual y ella lesbiana (de ahí que sus víctimas fuesen principalmente mujeres), y lo más sorprendente e inquietante es que tanto los sirvientes de uno como de otro participaban en los macabros baños de sangre.

La Familia de Sawney Beane

Sawney Beane nació en una familia granjera a las afueras de Edimburgo, cerca de la costa oeste de Escocia, en algún momento a finales del XVI.

Acompañado de su mujer, abandona el hogar siendo muy joven, e inician un viaje hacia el lado opuesto del país. En mitad de la travesía deciden ocultarse en una profunda caverna. La entrada era una pequeña grieta a través de la cual se extendía una cueva de alrededor de una milla.

Esta caverna le sirvió como hogar a los Beane durante los próximos veinticinco años.

Al principio subsistían de las pertenencias que habían robado a los distintos viajantes que fueron asaltados y asesinados. 

Pero pronto sus necesidades iban a ser más exigentes. 

El incesto era una práctica habitual en la caverna, de tal forma que se mantenían relaciones entre hermanos, padres, madres e hijos… La necesidad de comida iba en aumento, pues la familia seguía creciendo. 

La solución a sus problemas, la seguían encontrando en los viajantes que asaltaban, pero ésta vez transportaban el cadáver a la caverna, donde era devorado. Se aficionaron a la carne humana.

Durante 25 años estuvieron desapareciendo viajeros en las extensiones rocosas de Galloway; lo único que se encontraba de los desaparecidos eran restos, partes de los cuerpos halladas ocasionalmente en la costa, despojos que no solían consumir y arrojaban al mar.

Estos restos humanos suscitaban las más diferentes teorías. 

Una de ellas era que los viajantes podrían estar siendo atacados por una manada de lobos; sin embargo, ésta hipótesis no se sostuvo durante mucho tiempo pues no sólo desaparecían individuos que viajaban solos, sino que también se echaron en falta a grupos, en ocasiones atacaban a grupos de cuatro, cinco e incluso seis personas si iban a pie, eso sí, nunca a más de dos si iban a caballo. 

Eran muy cuidadosos asegurándose las posibles vías de escape y nunca dejaban a nadie con vida.


Otra explicación era más descabellada: podría ser que los terrenos rocosos estuvieran habitados por hombres lobo o demonios.

Con el tiempo surgió otra hipotesis, alguno de los dueños de las posadas los debía ejecutar por las noches mientras dormían y enterrarlos en algun lugar aislado para no ser descubiertos. 

Esto ocasionó muchos juicios a inocentes que según la tradición de la época eran torturados hasta que se les arrancaba una confesión de culpabilidad y posteriormente eran ejecutados. 

Gran cantidad de posaderos inocentes fueron asesinados por este motivo y muchos otros abandonaron su trabajo por miedo a ser los siguientes. 

Esto ocasionó que la zona aún se volviese más desierta y el transito de mercaderes y viajeros descendiera.


¿Cómo se descubrió a la Familia Caníbal?

Cuando el rey James I (arriba) se enteró de los caníbales, no dilató la justicia y envío 400 soldados acompañados de perros de caza. Una vez capturada la familia de salvajes, los hombres fueron torturados y desmembrados en público y las mujeres fueron quemadas.



Una tarde, un grupo de 30 personas regresaban a casa tras haber pasado el día fuera cuando escucharon unos gritos delante de ellos. 

Al llegar a el lugar del tumulto se encontraron con un hombre que se defendía pistola en mano contra una banda de atacantes de aspecto salvaje. 

Cerca de él yacía su mujer en el suelo, destripada, mientras algunos de los atacantes le arrancaban pedazos de carne y se la comían cruda. Las mujeres del clan la habían cortado el cuello y bebían su sangre. 

El hombre temeroso de caer su misma suerte se defendía desesperadamente con su pistola así como con su espada contra una “jauría” de entre 25 y 30 hombres del clan. 

Los viajeros, atónitos, no podían creer lo que veían. Al ser descubiertos, el clan de los Beane huyó hacia las colinas. Ya existían pruebas sobre las misteriosas desapariciones.

La persona que aportó el testimonio sobre lo ocurrido fue el marido superviviente del ataque. 

La historia llegó a oídos del rey James I de Inglaterra, el cual decidió tomar serias medidas: envió a 400 soldados acompañados de perros de caza a la zona; los perros hallaron rápidamente la entrada de la caverna, el fuerte olor a carne les facilitó la búsqueda.

Los soldados penetraron en la cueva siguiendo el pasadizo en forma de zig-zag hasta llegar al hogar de los Beany. 

Allí encontraron a 48 personas: Beane y su mujer, sus 8 hijos, 6 hijas, 18 nietos y 14 nietas, fruto de los continuos incestos entre todos ellos. 

El lugar estaba lleno de brazos, piernas y demás miembros, amontonados unos sobre otros. Algunos trozos de carne habían sido salados, con intención de conservarlos para los siguientes meses.

Tras ser descubiertos, el rey los calificó como bestias salvajes no merecedoras de juicio alguno. 

Tanto Sawney como los 26 hombres del clan fueron torturados y desmembrados en público. Todo el proceso fue contemplado por las mujeres, a quienes les esperaba la hoguera.

 Bob Berdella – El Carnicero de Kansas


Los primeros años


Teniendo unos 16 años Berdella (arriba de joven ) entró a trabajar a un restaurante y allí fue abusado sexualmente por un compañero, este hecho habría de volverlo homosexual y alejarlo de la Iglesia Católica.

Robert (“Bob”) Berdella nació en el seno de una familia católica un 31 de enero de 1949 en Cuyahoga Falls, Ohio (Estados Unidos). Su único hermano fue Daniel, siete años menor que él.

El padre de Berdella murió a los 39 años de un paro cardíaco en 1955, cuando Bob era un muchacho tranquilo y distante de apenas dieciséis años. 

Entonces la madre de Bob se fue a vivir con otro hombre, cosa que su hijo Bob jamás aceptó. 

Así, en parte por eso último pero sobre todo por la muerte de su padre, Bob, que recién a los doce años había sido bautizado, decidió buscar consuelo y refugio en la Iglesia, donde, según diría él mismo más tarde, se despertó su interés por diversos grupos religiosos y ocultos.

También fue siendo adolescente cuando Bob entró a trabajar en un restaurante. Allí un compañero de trabajo abusó sexualmente de Bob, a causa de lo cual Bob se volvió homosexual y se alejó de la Iglesia. 

Paralelamente a esto Bob encontró su gran pasión por el Cine y la Fotografía, pasando así las tardes en soledad, metido dentro de algún cine por horas enteras.

Fue dentro de los cines donde Bob, según declaró muchos años después, vio una película que para él constituyó una revelación siniestra, una revelación que posteriormente habría de verse manifestada hasta cierto punto en sus crímenes. 

Se trataba en efecto de El Coleccionista, film donde se muestra a un tímido joven que colecciona mariposas, que un día ve a una chica que le encanta, la comienza a seguir y luego la secuestra y la encierra en un sótano hasta conseguir que ella ceda a sus deseos…

Bob adulto antes de los asesinatos


Con 18 años, Bob ingresó al Instituto de Arte de Kansas en 1967. Nunca terminó la carrera. 

Una vez adentro, en lugar de dedicarse a estudiar se envició con el alcohol y las drogas hasta el punto de ser detenido por posesión de drogas y sentenciado a cinco años, mas la sentencia fue suspendida aunque poco después se lo arrestó por posesión de LSD y marihuana pero se lo liberó en cuestión de días.

Berdella había entrado a estudiar Arte pero se dedicó a drogarse siendo detenido más de una vez. Finalmente desertaría de los estudios y encontraría su vocación trabajando de cocinero, gracias a lo cual consiguió casa (arriba) en solo un año.
Todo parecía ir mal para el vicioso Bob hasta que en 1968 entró a trabajar de cocinero en un restaurante. Había encontrado su vocación. 

Así, en apenas un año logró comprar una casa en Charlotte Street y, entre 1970 y 1980, no solo que ayudó a formar una patrulla vecinal contra el crimen barrial sino que se convirtió en un chef de prestigio al que solicitaban importantes restaurantes y clubes.

Gracias a ese éxito como chef, Bob consiguió ahorrar suficiente dinero como para renunciar en 1981 e iniciar su propio negocio con un local de artículos etnográficos, antiguedades y objetos góticos. Dicho lugar se llamó el “Bob’s Bazaar Bizarre” y estaba situado en un mercado local.

Ya con 33 años Bob se hizo pareja de un veterano de la guerra de Vietnam, aunque la relación fue un desastre, quizá en parte por los conocidos problemas psicológicos que tienen los veteranos de guerra. 

Entonces, tras la ruptura Bob comenzó a frecuentar prostitutos hombres, involucrándose sentimentalmente con varios, llevándose algunos a vivir a su casa a cambio de compartir gastos, y hablándoles a casi todos sobre la necesidad de enderezar sus vidas y dejar de prostituirse.



Berdella había entrado a estudiar Arte pero se dedicó a drogarse siendo detenido más de una vez. Finalmente desertaría de los estudios y encontraría su vocación trabajando de cocinero, gracias a lo cual consiguió casa (arriba) en solo un año.

Todo empezó con la venganza
Hay asesinos en los que la violencia y el crimen van avanzando de manera gradual hasta llegar a su culminación en la figura del homicidio. 

Casos así son Garavito, el Monstruo de Los Andes, Daniel Camargo, Carl Panzram, etc…Sin embargo hay otros que han llevado toda la vida mostrándose como personas normales, como sujetos que encajan en la sociedad y que hasta a veces dan la impresión de ser buenos (como John Gacy el llamado “Candy Man”), sujetos que sorpresivamente, de un día para otro, revelan al monstruo que llevan dentro a causa de un siniestro impulso que de pronto los asalta o a causa de un suceso que de forma completamente explicable sirve como el detonante de toda la ira que llevan dentro de sí… 

El caso de Bob Berdella está dentro de los segundos, en la variante de aquellos en los que un suceso puntual desencadena la ira aunque, en su caso, es evidente que el despertar de la ira solo es relevante en tanto que conlleva el despertar de su personalidad sádica, la cual posteriormente actuará sin necesidad de la ira como factor motivacional.

Concretamente todo comenzó cuando Jerry Howell —amigo de Berdella desde años atrás— se negó a pagar una suma considerable de dinero que Berdella le había prestado hace ya cierto tiempo, ante lo cual éste último decidió tomar medidas maquiavélicas en el marco de las cuales la amistad de años con Howell no valía nada comparada al dinero y al castigo que supuestamente Howell debía recibir por su falta; ya que, en una mente marcada por el trastorno de personalidad sádica como la de Berdella, el castigo y la voluntad de control van de la mano y, en su oscura simbiosis, pueden producir al demonio de la tortura…

La primera víctima de Bob fue su amigo Jerry Howell (arriba, en ambas fotos), a quien drogó, ató, violó, torturó y desmembró por no pagarle una deuda. Su fin fue espantoso: Howell murió asfixiado por su propia sangre y el vómito que le vino debido al dolor que sintió cuando Bob empezó a cortarlo con sierra eléctrica.


Era pues un 4 de julio de 1984 cuando Bob, investido de falsa camaradería, pasó por la casa de Howell para llevárselo a charlar y tomar cervezas. 

Sin embargo, apenas consiguió llevarlo a su casa, le suministró a Howell varios calmantes sin que éste se fijara y después, cuando ya estaba inconsciente, lo sodomizó varias veces y, en un momento de arrebato, le introdujo un pepino en el ano, desgarrándoselo y ocasionándole con ello un desangre, tras lo cual lo ató y se fue a trabajar a su bazar.

De regreso le inyectó aún más medicamentos para que siguiera sedado y lo colgó del techo con la cabeza hacia el suelo, haciéndole heridas para que gotee sangre y empleando después su colección de cuchillos de cocinero para cortarlo en pedazos. 

No obstante los cuchillos solo lograron cortar hasta cierto punto, punto en el cual se pensaría que Howell ya estaba muerto pero no: estaba vivo, no había tenido la suerte de tener un paro cardíaco como consecuencia del dolor y seguía por tanto en las manos perversas de Berdella, quien al ver que sus cuchillos no cortaban fue por una sierra eléctrica.

Howell, devorado por el terror más vivo, habría querido creer que estaba en una pesadilla al estilo de Masacre en Texas pero no, él estaba en la realidad y lo más insólito era que aquello le estaba pasando por una simple deuda y que el monstruo que sonreía con la sierra en la mano era un hombre al que por años consideró su amigo.

La sierra se acercó a Howell con su ruido frenético y los huesos de Howell omitieron un sonido grotesco mientras éste, en lugar de desmayarse, comenzó a vomitar del dolor hasta que finalmente murió ahogado en una mezcla de sangre y vómito.

Una vez concluida la labor de cortar a Howell, Berdella empacó los restos de la víctima en negras bolsas de plástico, sacó las bolsas afuera y dejó que el camión recolector haga lo suyo llevándose al basurero los restos de Howell.


El placer de la tortura

Tras el asesinato de Howell, Berdella vio el enorme goce que le ocasionaba torturar y, sabiendo que una vez dado el primer paso el límite psicológico estaba cruzado y podía seguir sin problema, decidió iniciar un diario en el que narraría todos sus crímenes, describiendo con lujo de detalle los métodos, las torturas empleadas y los asesinatos como tales. Pero he aquí que salió a flote su pasión por el Cine y la Fotografía, por lo cual pensó que sería una idea genial acompañar la bitácora escrita con videocasetes y fotografías de su cámara Polaroid. 

Para él no había consideración alguna hacia el dolor ajeno, era un verdadero psicópata y todo lo que importaba era el placer de la tortura y el deleite estético de contribuir al gore y al snuff[1] con “joyas” de su autoría…

Por eso no dilató demasiado el proyecto y eligió a Robert Sheldon como segunda víctima. Sheldon, como era ex amante de Berdella y había estado varias veces en su casa, fue sin mayor problema a casa de éste un 10 de abril de 1985. Una vez ahí, Berdella lo drogó y, mientras Sheldon yacía inconsciente, lo ató y esperó a que despertara.



La segunda víctima de Bob fue su ex amante Robert Sheldon (arriba en ambas fotos), a quien violó repetidamente y, entre otras torturas, le inyectó Drano (líquido destapa caños) en los ojos, le arrancó trocitos de carne y le destrozó las manos a golpes con una barra de hierro. 

Ya despierto Sheldon, Berdella quiso probar una de las múltiples ideas de tortura que tenía en mente, por lo que tomó una jeringa, la llenó con un líquido destapa-caños llamado Drano, e inyectó el líquido en los ojos de Sheldon, dándoles así un aspecto macabro al estilo de las portadas de depressive black metal. 

Tras eso le molió las manos a golpes con una barra de hierro, dejándoselas como horrendos amasijos inoperantes de carne y hueso.

Cuatro fueron los días en que Berdella se entretuvo golpeándolo, inyectándole sustancias, cortándole trocitos del cuerpo y violándolo una y otra vez. 

Y habría sufrido más, si no fuera porque un amigo de Berdella vino de visita y el torturador, para evitarse problemas por los posibles gritos o lamentos de Sheldon, le puso una funda en la cabeza, cerró la puerta y lo dejó morir asfixiado.


Después que el visitante se marchó, Berdella repitió el mismo procedimiento de la primera víctima y fue por su sierra eléctrica, lo cortó en pedazos y lo metió en bolsas de basura, conservando únicamente la cabeza y enterrándola en el patio.



La tercera víctima de Berdella fue nuevamente alguien allegado: su amigo Mark Wallace. 

A Wallace, al igual que a los anteriores, lo llevó a su casa, lo drogó y lo ató. Grande fue la suerte de Wallace al morir rápido debido a un error de Berdella, ya que éste quería probar torturas con descargas eléctricas y calculó mal el voltaje, matando así a su víctima y a su posible “entretenimiento”. 

Como siempre, tras acabar lo cortó en pedazos y metió los pedazos en fundas para que se las lleve el camión de la basura.

James Ferris, también amigo de Berdella, fue la cuarta víctima. Nunca debió pensar en pedirle a Berdella que lo aloje en su casa. 

Sin embargo tuvo aún más suerte que Wallace, ya que Berdella, quizá por costos, empleó una droga de uso veterinario para dormirlo y, en vez de darle un sueño temporal, le dio un sueño eterno… 

Cuenta Berdella que ésta experiencia lo frustró muchísimo, ya que la víctima no solo que se libró de toda tortura sino que murió sin dolor alguno. 

En cuanto al cadáver, nuevamente la elección fue cortarlo y mandarlo a la basura.


Todd Stoops (arriba), otro amigo de Berdella, fue su cuarta víctima. Por su fortaleza física Todd resistió varias semanas, en las cuales Berdella lo violó repetidas veces, le inyectó Drano en los ojos y en la garganta y hasta le metió el puño en el ano, desgarrándoselo y causándole abundante sangrado…

Todd Stoops, pese a su amistad con Berdella, fue a la Policía y les contó a los agentes que, algunos de los hombres que se habían reportado como desaparecidos, habían pasado con el dueño del Bazar Bizarro de Bob. 

Por el momento la Policía no hizo nada, en parte porque quedaba claro que Todd simplemente tenía sospechas y no estaba seguro de que Bob fuera un asesino.

Lo racional hubiese sido que Todd, sospechando de su amigo Berdella, no pusiera un solo pie en casa de éste, pero quizás por la autoconfianza que le daba ser un hombre físicamente fuerte, o quizás simplemente por falta de agudeza, Todd visitó a Berdella, quien echó al suelo toda la fuerza de Todd con una de sus inyecciones somníferas.

Ahora que Todd estaba bien atado, Berdella sí que podía entretenerse libremente y esta vez no arruinaría todo con experimentos arriesgados. 

Empezó así con el estilo clásico, desnudándolo y violándolo, culminando las violaciones no ya con un pepino (como con su primera víctima) sino con su propio puño, el cual introdujo con brutalidad por el ano de Todd, desgarrándoselo de una forma tan salvaje que la sangre brotó a borbotones…

Y mientras Todd gritaba Berdella le inyectaba Drano en los ojos y en las cuerdas vocales, y lo filmaba y fotografiaba, reduciendo así sus gritos y lamentos a meros contenidos de su macabra colección audiovisual.

Ninguna víctima resistió más que Todd, ninguna víctima sufrió más que Todd. Fueron semanas, varias semanas infernales en que la fiebre lo acompañó mientras las torturas y las violaciones fueron su pan de cada día hasta que a comienzos de julio de 1986 la luz de la muerte lo salvó de una vida que no podía ofrecerle más que oscuridad. 

Ya muerto, Todd fue cortado en pedazos y entregado al basurero.


La quinta víctima de Bob fue el prostituto gay Larry Pearson (arriba), quien primero intentó disfrutar de las torturas (cosa que a Bob le gustó mucho); pero al final, cuando se cansó e intentó rebelarse, causó la ira de Bob, quien estando fuera de sí lo asesinó con una larga lluvia de puñetazos…

Después de Todd, Berdella decidió variar el menú y ya no eligió a otro amigo sino a un joven prostituto: Larry Pearson, a quien Berdella convenció para que fuera a su casa, donde lo drogó, lo ató, lo violó y torturó. 

Al inicio Pearson, un tanto acostumbrado al masoquismo por su profesión, intentó ahorrarse sufrimiento y disfrutar (era homosexual) en lo posible de las sádicas excentricidades de Berdella, quien estaba feliz de que Pearson encontrase algo de placer en medio del tormento. 

Pero el dolor predominaba por mucho sobre el placer y, al cabo de seis semanas, Pearson no aguantó más e intentó revelarse. Furioso, Berdella le dio puñetazos sin parar, hasta matarlo. 

Posteriormente cortó el cuerpo y dejó que el camión de la basura se encargara, aunque esta vez guardó la cabeza de la víctima en el congelador, tras lo cual desenterró la cabeza de Sheldon y puso la de Pearson en su lugar, guardando a la cabeza de Sheldon en su closet.

Escapando del terror

La última víctima de Berdella no fue ni un prostituto ni un amigo de Berdella: fue Chris Bryson, un chico al cual, tras invitar a una fiesta, Berdella subió en su coche, bebió cervezas con él y finalmente lo llevó a su casa.

Al ingresar en casa de Berdella, Bryson vio desperdicios y deshechos por doquier. Sintió entonces como un olor nauseabundo penetraba en sus fosas nasales. Era un olor a excremento y a orina de perro, y a algo más…

Tratando de relajar al muchacho, Berdella comenzó a hablarle de que había estudiado Arte y lo llevó al segundo piso para supuestamente mostrarle su colección de piezas artísticas. No bien hubo subido Bryson cuando Berdella le dio un golpe brutal en la cabeza y, sin darle tiempo de reaccionar, le clavó una inyección somnífera.


Chris Bryson (arriba) fue la última víctima de Berdella. Su caso fue especial porque él, gracias a su inteligente actitud de docilidad, consiguió que Berdella le ate las manos por delante y no a los barrotes de la cama, gracias a lo cual, cuando Berdella se fue, Chris pudo desatarse y saltar (esto lo lesionó) por una ventana del segundo piso para finalmente acudir a un vecino y llamar a la Policía.

Cuando Bryson despertó vio que estaba desnudo y fuertemente atado a los barrotes de una cama. Junto a él estaba Berdella con una sonrisa diabólica y un objeto que bien podría simbolizar el rol que le tocaría vivir: un collar de perro…

Una vez puesto el collar en el cuello de Bryson, Berdella le metió un trapo en la boca y fue por sus implementos de director de cine y fotógrafo. Consternado y aterrado, Bryson vio a Berdella colocando la filmadora en la posición adecuada, tras lo cual se volvió hacia él mientras el frío ojito de vidrio seguía mirándolos a ambos, registrando cada acción de la escena…

Durante toda la larga noche Berdella torturó, violó y golpeó a Bryson, levantándose de cuando en cuando para tomar fotos con su cámara Polaroid, cambiar la posición de la filmadora y, sobre todo, anotar en su diario cada cosa de la que Bryson era víctima.

Según se sabe, al comienzo Bryson gritaba como loco, pero Berdella le inyectó Drano en la garganta y lo amenazó con que perdería la voz si seguía gritando.

Ya en la mañana el torturador abrió la puerta y le aplicó alcohol en los ojos, se sentó encima de él y después tomó una barra metálica y empezó a golpearlo en las manos y en las rodillas. No contento con eso, fue por sus pinzas eléctricas y se las colocó en el muslo derecho y en el escroto, aplicándole una tras otra descarga mientras lo fotografiaba con la Polaroid, riéndose…

Para prevenir actitudes rebeldes, Berdella le mostró las fotos de las otras víctimas, fotos en las que aparecían hombres torturados, destrozados, sometidos a horrores que hacían deseable la muerte. Le dijo que si cooperaba le perdonaría la vida, por lo que debía mostrar la actitud propia de un esclavo sexual.

Bryson no podía saber si Berdella decía o no la verdad, pero era claro que si no cooperaba la muerte sería prácticamente segura y el sufrimiento mucho mayor, de modo que intentó seguir el consejo de Berdella durante cuatro días sembrados de torturas y violaciones.

Afortunadamente sus esperanzas no fueron frustradas y, tras esos cuatro días, Berdella le desató las manos de los barrotes de la cama y se las ató por encima, le dio un cigarrillo y, antes de salir de la habitación, le dejó el control remoto entre las rodillas y la televisión encendida.

Pasados unos minutos, el problema era que Bryson no sabía si Berdella se había ido o no de casa, por lo que bajó el volumen del televisor para intentar responder a su pregunta. Al parecer Berdella sí se había marchado, de modo que Bryson tenía la oportunidad de intentar un escape.

Con cierta habilidad Bryson consiguió zafarse y, con las cuerdas colgando, miró a la ventana y se percató de que la única forma segura de escape era romper el vidrio de la ventana y saltar a la calle desde el segundo piso en que se encontraba. Entonces reunió valor, saltó y se lesionó un pie al caer.

El dolor de la caída era muy grande pero Berdella podía aparecer en cualquier momento. Consciente de eso, Bryson ignoró su dolor y corrió hacia la casa más cercana. Para suerte suya el dueño de casa estaba presente y, aunque no le permitió entrar porque estaba desnudo, sí le hizo el favor de llamar a la Policía.

Los policías llegaron con rapidez a la escena y le colocaron una manta a Bryson, quien yacía desnudo sobre el porche del vecino, con un collar de perro en el cuello, con los ojos rojos e hinchados y con marcas en las muñecas, los tobillos y otras partes.

Tras oír la terrible historia de Bryson, los agentes no sabían si decía la verdad o si simplemente se trataba de una pelea entre dos amantes homosexuales. Por ello resolvieron esperar a que Berdella volviese para interrogarlo.

Al aparecer Berdella, la Policía lo arrestó por sospechoso de asalto sexual y le pidió que firmara una autorización de ingreso a su domicilio.

 La casa del horror


A pesar de que Berdella no firmó la autorización de ingreso a su domicilio, la Policía consiguió una orden y entró a la casa del torturador.




Cuando los policías (arriba, en el jardín de Bob) ingresaron a la casa de Bob, encontraron videocasets y fotos de las víctimas siendo torturadas, así como también una bitácora de sus crímenes, drogas, gotas para ojos, pinzas eléctricas y otros elementos de tortura, dos cráneos y varios restos humanos.

Cuando los agentes abrieron la puerta se toparon con basura, excremento y orine seco de los tres chow chow (a los cuales tuvieron que asegurar) de Berdella y un cuarto cerrado en el segundo piso. 

Allí, en el cuarto cerrado, yacían revistas porno y pedazos de cuerdas en el suelo, y había un televisor y una cama junto a la cual había un dispositivo eléctrico con cables y una mesita con inyecciones, drogas y distintos frascos con gotas para los ojos.

En otra habitación fue que los policías encontraron la colección del horror: un par de cráneos, dientes guardados en un sobre, una columna vertebral humana; una sierra con restos de cabello, sangre seca y hueso; libros y máscaras propias del mundo de la magia negra; videocasetes de los asesinatos y torturas, fotos de las víctimas (incluyendo a Bryson) y una bitácora (diario) de crímenes. 

Los hallazgos siniestros también estaban en el jardín, donde se encontró otro cráneo, pedazos de vertebra y piel humana; además, la aplicación de Luminol (sustancia usada para revelar sangre seca) reveló enormes cantidades de sangre en cubetas, recipientes, otros objetos y varias partes de la casa.

Juicio y fin prematuro

En la Universidad de Kansas los investigadores determinaron que uno de los cráneos hallados en la casa de Berdella pertenecía a Larry Pearson, gracias a lo cual se lo pudo acusar de homicidio. 

Berdella aceptó haber matado a Pearson y posteriormente se probó que también Sheldon había sido víctima suya. 

Nunca encontraron los restos de las víctimas que empaquetó en fundas de basura.

En todo caso, ante los hechos descubiertos el fiscal quería la pena de muerte, pero la defensa contribuyó para que, a cambio de una confesión completa de todos los crímenes, se le diera solamente una cadena perpetua. 

El trato fue aceptado y el 13 de diciembre Berdella inició un relato que le tardaría tres días y tendría más de setecientas páginas…

Después del corto juicio que tuvo, Berdella comenzó a cumplir su condena siendo para aquel entonces un asesino que los medios de comunicación habían hecho famoso. 

Así, queriendo aprovechar esta atención pública Berdella se quejó de que había muchas cucarachas en su celda. 

Lejos de despertar compasión, un popular disc jockey local instó a su audiencia a enviar muchas más cucarachas a la celda de Berdella, quien se seguía quejando ante los reporteros de los tratos en prisión e incluso había tenido el descaro de decir que era una buena persona, queriendo probar aquello a través de la construcción de un fondo para las familias de las víctimas hecho a base de la venta de sus bienes, gracias a los cuales se consiguió 50.000 dólares que, por parte de los familiares de las víctimas, fueron tomados como una burla insultante.


Arriba vemos el cráneo de Robert Sheldon, usado para incriminar a Berdella, quien finalmente obtuvo una cadena perpetua (y no la pena de muerte) a cambio de confesar todos sus crímenes.



Las últimas quejas de Bob fueron que los guardias de prisión no le daban sus medicamentos para problemas cardíacos. 

Consecuentemente Berdella apenas cumplió cuatro años de su cadena perpetua porque, a sus 43 años, murió por paro cardíaco un 8 de octubre de 1992.

David Berkowitz – El Hijo de Sam (Son of Sam)


Su madre adoptiva murió cuando él tenía 14 años. El no tener suerte con las mujeres, junto al recuerdo del abandono que sufrió por parte de su madre biológica, fue alimentando su odio contra las mujeres.



“Mis padres estaban constantemente preocupados por mi comportamiento extraño. Sabían que yo vivía en un mundo imaginario y no podían hacer nada contra los demonios que me atormentaban y controlaban mi mente…”, dijo Berkowitz alguna vez.

David nació el 1 de junio de 1953, fue un hijo no deseado de Betty Broder, quien lo abandonó, y fue adoptado por Nat y Pearl Berkowitz. 

Era un niño tímido y con baja autoestima que trataba de proyectar una apariencia autosuficiente, mintiendo y causando problemas. 

Su comportamiento alternaba momentos de extrema timidez, complejo de inferioridad y fuertes depresiones con arrebatos de ira y violencia desmesurada.

Su madre adoptiva murió en 1967 cuando él tenía 14 años, fue lo peor que le pudo pasar. Al no tener suerte con las mujeres, fue alimentando su odio contra ellas, además del recuerdo de su verdadera madre y lo que ésta hizo con él, cosa que alimentaba su odio.

La mente de Berkowitz no pudo asimilar tanta soledad y en su adolescencia comenzaron sus desdoblamientos (doble personalidad).

Queriendo mejorar su autoestima y al mismo tiempo vengarse de una sociedad en la que no terminaba de encajar, se compra un revólver. A los veintitrés años comienza una serie de crímenes. 

Sus asesinatos sembraron el terror en Nueva York entre 1976 y 1977: Berkowitz asesinó a seis personas y consiguió herir a otras siete.

El joven Berkowitz asesinaba sin razones, disparaba su revólver calibre 44 indistintamente a cualquier persona que se cruzaba en su camino, sin importarle raza, sexo o edad. 

A medida que pasaba el tiempo fue ganando una estremecedora seguridad en sí mismo, la cual lo transformó en un personaje frío y sin escrúpulos, a la vez que negligente a la hora de llevar a cabo sus crímenes.

El 29 de julio de 1976, en el Bronx, N.Y., Donna Lauria de 18 años y su amiga Jody Valenti de 19, estaban dialogando en el interior del coche de Jody, enfrente de la casa de Donna. 

Era cerca de la 1:00 cuando un hombre se acercó al coche y sin pronunciar palabra, disparó cinco veces, matando a las dos jovenes.


El 23 de octubre de 1976, Carl Denaro de 20 años estaba en una fiesta con su amiga Rosemary Keenan, a las 2:30, él se ofreció para llevarla a su casa. 

Se estacionaron frente a la casa de Rosemary y comenzaron a hablar; de repente, un hombre se acercó al carro y disparó cinco veces, pero solamente hirió a Carl en la cabeza; Rosemary condujo buscando ayuda. Aunque Carl no murió quedó dañado para el resto de su vida.

Pasado un poco más de un mes de que ocurriera el último ataque, el 26 de noviembre de 1976, Donna Lamassi de 16 años, y su amiga Joanne Lomino de 18 años, regresaban del cine en la noche. 

Caminaban a casa de Joanne, cuando se dieron cuenta que un hombre las seguía, así que apuraron el paso. El hombre les preguntó “Saben en dónde está…”, pero antes de terminar la pregunta les disparó; las dos chicas resultaron heridas. Donna estaría bien, pero Joanne quedó parapléjica.

Las cosas permanecieron normales por dos meses, hasta el 30 de enero de 1977, cuando Christine Freuna y su prometido John Diel regresaban de una galería en Queens a las 0:30.

No se dieron cuenta que un hombre los estaba observando y se acercaba al coche, el hombre disparó dos veces, y los dos disparos dieron en la cabeza de Christine; su novio salió corriendo buscando ayuda, pero los vecinos ya habían llamado a la Policía.

La investigacion del detective Joe Coffey descubrió que este asesinato coincidía con los de Donna Lauria, el ataque de Donna Lamassi y Joanne Lomino. Ahora se daban cuenta que tenían frente a ellos a un psicópata con un revólver calibre 44 (un arma poco usual). 

Otro problema era que no se podía encontrar relación entre las víctimas.

 Brutal la historia de la Condesa Elizabeth Báthory

 
El 8 de marzo de 1977, una joven llamada Virginia Voskerichian regresaba de clases en la noche, cuando un hombre se le acercó y sacó un revólver calibre 44 y le apuntó a la cara. 

Virginia se cubrió con sus libros, pero una sola bala bastó para matarla. Un hombre presenció todo, pero cuando el asesino pasó frente a él sólo le dijo “buenas noches”.

Como los investigadores temían; el 17 de abril de 1977 el asesino vuelve a atacar; Valentina Surani y su novio Alexander Esau se besaban en su coche. 

Eran alrededor de las 3:00 y un hombre se les acercó y les disparó 2 veces a cada uno. 

Los dos murieron, las evidencias decían que se trataba del mismo asesino, pero esta vez, el asesino había dejado una carta en la que se autonombraba “El Hijo de Sam” (Son of Sam). 

La carta estaba dirigida al capitán Joseph Borrelli, quien era uno de los principales integrantes de la operación Omega, que estaba tras el asesino del revólver calibre 44. 

No contento con ello, envía una carta al periódico New York Daily News que se encargaba de su caso, y en ella les agradece su atención y les promete que tendrán más de qué hablar.

El 31 de julio de 1977, una joven llamada Stacy Moskowitz y su novio Bobby Violante, regresaban de ver una película, y se detuvieron en el coche cerca de un parque. 

Bobby convenció a Stacy de que se bajaran a caminar, pero ella no parecía muy convencida, así que regresaron al coche. 

En ese momento un hombre se les acercó y les disparó; Bobby recibió dos disparos en la cara y Stacy uno en la cabeza. 

Horas después, Stacy murió, Bobby perdió el ojo izquierdo y sólo lograron salvarle el 20% de visiblidad en el derecho. 

Ese fue el último ataque de “Son of Sam” ya que un testigo logró identificarlo cuando huía del escenario del crimen.

El 10 de agosto de 1977 la Policía tiene las pruebas suficientes para detener a David Berkowitz. A las 19:30 un hombre salió del edificio donde vivía Berkowitz, con una bolsa de papel en la mano. 

Se aproximó a un auto, y fue el momento de la detención. Le ordenaron detenerse. 

El oficial preguntó: “¿Ahora que te tengo; dime, a quién tengo?”, “tú sabes”, dijo el hombre sonriendo: “Soy el hijo de Sam, David Berkowitz”.


Tras ser capturado confiesa sus crímenes e intenta alegar locura afirmando que oía una voz que le ordenaba matar, voz que pertenecía a un demonio de 6000 años reencarnado en nada más y nada menos que Sam, el perro de su vecino…

Confiesa todos sus crímenes, pero trata de alegar locura afirmando escuchar la voz de un demonio de 6,000 años reencarnado en “Sam”, el perro de su vecino, el cual le daba órdenes de matar. 

Los psiquiatras lo diagnostican como esquizofrénico paranoide de personalidad antisocial. Berkowitz es juzgado culpable y condenado a cadena perpetua, con una pena de 365 años en una cárcel de máxima seguridad.

Una vez en la cárcel, reconoce haber formado parte de un culto satánico relacionado con Charles Manson, y asegura que sus crímenes no los cometió solo, sino que habían sido varios los tiradores con un calibre 44. 

“Me fascinaban los temas relacionados con la brujería y el ocultismo. 

En 1975 conocí a unos tipos que parecían simpáticos. 

Eran satanistas. Ingenuamente me uní al grupo, y empecé asistiendo a los rituales. Al principio no era más que un simple participante, pero muy pronto me convertí en un verdadero adorador del Diablo. Mi cuerpo y mente le pertenecían, yo me estaba convirtiendo en una máquina de matar”, dijo David

La policía neoyorquina venía ya sospechando que detrás de todos esos crímenes se hallase una secta satánica, y que Berkowitz no fuese más que uno de los adeptos de más bajo rango. La coartada perfecta para encubrir a los miembros de más posición.


David B. reformado



Aún así, y como en la mayoría de estos casos, las mismas fuerzas de seguridad que se ocuparon del caso, trataron de ocultar todos aquellos datos que relacionaban el crimen con satanismo, siendo revelados al público más tarde gracias a las investigaciones del periodista Maury Terry.

En la prisión fué asaltado por otros reclusos y degollado, pero sobrevivió con una cicatriz de 56 puntos en el cuello.

Luego de diez años de condena, Berkowitz experimentó una transformación interior radical que le llevó a arrepentirse de sus crímenes y a adoptar el Cristianismo al punto de que actualmente ejerce un rol de guía espiritual desde la prisión. 

Muestra de eso es una interesante y reveladora carta escrita por él mismo.

 Donato Bilancia – El Asesino del Tren

Italia tuvo conciencia de que estaba en presencia de un nuevo asesino en serie, el número 39 desde los años cincuenta, lo que le ha dado el quinto puesto en el mundo, tras Estados Unidos de América, Gran Bretaña, Alemania y Francia. 

El retrato hablado y las dos primeras letras del coche Mercedes oscuro que utilizaba, que fueron vistos por testigos, cerraron el cerco sobre Donato Bilancia, un individuo violento, con antecedentes de robo y agresiones.

Empedernido jugador en casinos de Italia y el extranjero, contrajo deudas millonarias que le llevaron a robar a gente conocida, a las que luego mató para que no lo denunciaran. 

Algunos de los crímenes los habría realizado también como sicario a sueldo de la filial genovesa de un clan mafioso de Cosa Nostra. Otros crímenes de mujeres habrían sido sólo para calmar la ira que le provocaba perder jugando al póker o a la ruleta.

El asesino, de 49 años, comenzó su cadena de crímenes con el homicidio de una prostituta el 24 de octubre de 1997 y sembró durante seis meses el pánico en Liguria, Italia, especialmente entre las mujeres, que fueron su principal objetivo.  

Al principio se atribuyeron los homicidios a reyertas entre bandas rivales en el mundo de la prostitución y las drogas, pero más adelante se comprobó que el homicida seguía unas pautas muy concretas. 

Sólo cuando dos mujeres jóvenes aparecieron muertas en sendos lavabos de trenes de la zona, también arrodilladas y con un tiro en la nuca disparado por la misma arma, cundió la alarma.

Las dos últimas víctimas, una enfermera y una empleada de hogar, ambas de 32 años, fueron asesinadas en los lavabos de dos vagones de tren, siempre siguiendo el mismo ritual (las obligaba a arrodillarse para pegarles un tiro en la nuca), lo que desató una psicosis de terror tan grande a usar los ferrocarriles estatales, que incluso el fiscal de Génova llegó a pedir a las mujeres que viajaran en tren “sólo lo necesario y siempre acompañadas”.

La policía había empezado a advertir a la gente sobre un posible agresor de mujeres después de que se confirmase la búsqueda de un presunto autor o autores de tres homicidios no resueltos en los últimos cuatro meses. 

En sus comunicados advertían: “Es mejor que todos los ciudadanos que han acordado citas o encuentros con personas a las que no conocen presten la máxima atención y, en caso de duda, llamen a la Policía”.

A las similitudes del arma utilizada y el lugar escogido para los asesinatos se había unido la tesis (sin confirmar) de que el homicida habría dejado siempre una carta en la que amenazaba con actuar de nuevo, lo que hizo crecer el pánico entre las jóvenes italianas.

Luego asesinó a dos guardias que lo sorprendieron cuando estaba a punto de matar a un transexual venezolano de nombre Julio Castro alias Lorena, quien resultó sólo herido y fue clave para diseñar su retrato hablado. 

El 6 de mayo de 1998 delante del hospital genovés de San Martino, Bilancia fue capturado por la policía italiana.

Durante más de una semana guardó silencio absoluto, acogiéndose al derecho de no declarar, hasta que finalmente se derrumbó ante el juez, confesando con estas palabras escalofriantes: “Sí, he sido yo. Las he matado aunque no sé por qué, no estoy bien, ayúdenme a curarme”.

El asesino contó con detalle cómo mató a 18 personas desde 1993 hasta pocas semanas antes de su detención, e incluso, le informó de otro crimen que la policía había considerado un fallecimiento natural. 

Además, la policía tiene pruebas que lo comprometen en el asesinato de una prostituta nigeriana, Evelin Edoghaie, el 29 de marzo de 1998, quien murió en Cogoleto, un pueblo de las cercanías de Génova, tras recibir dos tiros en la nuca.

En respuesta a la tesis de la defensa de que el acusado es un enfermo mental incapaz de entender sus acciones, la fiscalía solicitó se aplicaran numerosos análisis psicológicos, en los cuales se determinó que: Donato Bilancia lejos de estar loco está muy sano de mente, es consciente de todo lo que hace y actúa con verdadera determinación y frialdad.

Finalmente, el 14 de febrero de 2001 el Tribunal de Apelación de Génova lo sentenció a 13 cadenas perpetuas y 26 años de reclusión, tras confesarse el autor de 18 homicidios.

 Jerome Henry Brudos



Jerome Henry Brudos nació el 31 de Enero de 1939 en el pueblo de Webster, Dakota del Sur. Fue el segundo hijo de la pareja formada por Henry y Eileen, quienes ya tenían un primer hijo varón llamado Larry. 

Su llegada no estaba planeada y su madre deseaba una niña, con lo que su venida al mundo fue doblemente repudiada, por lo que desde pequeño Brudos padeció aislamiento y severidad por parte de su madre. 

Durante la infancia de Brudos, su familia se movió a Portland, Oregon.

Cuando Brudos tenía aproximadamente 5 años, sucedió el hecho que marcaría por entero su vida. Jugando por el vecindario cerca de su casa, halló un par de tacones de mujer en un rincón donde estaban apilados botes y bolsas de basura. Cuando la madre descubrió a Jerry usando el par de tacones dentro de su cuarto, su reacción fue de gran sorpresa e irritación. 

El regaño de la señora hacia el pequeño niño lo dejó profundamente impresionado acerca de la extraña y prohibida naturaleza de los zapatos de tacón de mujer. Desde ese día y tras la destrucción de los mentados tacones, Jerry Brudos desarrolló un enfermizo fetichismo que lo acompañaría el resto de su vida.

Más tarde le ocurrió a Brudos un vergonzoso episodio en la escuela, cuando en el primer año de primaria un compañero lo delata porque estaba a punto de robar uno de los pares de zapatos de tacón que la maestra tenía guardados en el salón. Brudos es regañado en frente de todos y abandona la clase. 

En los estudios no obtiene muy buenos resultados y no consigue pasar el segundo año de instrucción. Frecuentemente se queja de fuertes jaquecas que le impiden ver con claridad. 

En cadena sufre una enfermedad tras otra en la garganta. Cuando tiene 12 años, su familia se traslada a un vecindario de Wallace Pond, Oregon, donde varios vecinos tienen hijas adolescentes. 

Junto con algunos vecinos Jerry adquiere la manía de invadir los cuartos de ellas para jugar con la ropa interior, y claro está, robársela. Junto con los tacones, la ropa interior femenina sería la otra gran pasión fetichista de Brudos.

Un día a Jerry lo descubren con la pornografía perteneciente a su hermano mayor y entonces debe aguantar los fuertes regaños de la madre, que era especialmente susceptible contra todo lo sexual de su hijo, a quien por cierto obliga a lavar a mano sus sabanas ensuciadas durante sus sueños húmedos. 

La falta de naturalidad y comprensión de parte de su madre con temas delicados como este, no ayudan en nada al desarrollo emocional del joven Jerry Brudos.

A los 16 años Jerry Brudos logra entrar a estudiar un grado en Electrónica en la Universidad Estatal de Oregon. 

Esto a pesar de ser más bien un estudiante mediocre. A esta edad está obsesionado con los tacones y la ropa interior de mujeres que roba cada vez que hay una oportunidad. 

Es muy proclive a atacar a las mujeres de su edad, a quienes con engaños las conduce a lugares apartados donde las golpea sin motivo aparente, las fotografía y obliga a desnudarse. 

Digamos que tenía una gran necesidad por dominar y humillarlas. 

Sin embargo en una de esas, es descubierto por unas buenas personas que lo denuncian, mientras fingía ayudar a una víctima suya. 

La Policía lo detiene y en su casa y coche son halladas fotos, equipo fotográfico y ropa de mujer, se le detiene bajo los cargos de asalto. 

Las autoridades deciden enviarlo a un hospital psiquiátrico donde los médicos determinan que padece esquizofrenia y desajustes sexuales motivados por su tránsito en la adolescencia. 

Por las desviaciones y el fetichismo le es impuesta una terapia de 9 meses. Mientras purga su “condena” hospitalaria, continúa asistiendo a clases en la escuela. 

Al finalizar el tratamiento, el panel de doctores establece que Jerry Brudos no representa un peligro para la sociedad.

El 9 de Marzo de 1959, Brudos se une a la milicia de su país realizando su entrenamiento en Georgia y siendo estacionado en el fuerte Ord en California. 

Ni con la distracción de sus actividades ni con la disciplina impuesta por la Armada, Brudos abandona sus extrañas fantasías, como una de ellas, consistente que una mujer coreana lo seducía. 

Después de hablar con sus superiores, es enviado con el psicólogo de la Armada, el capitán Theodore J. Barry, quien después de analizarlo recomienda la baja, a causa de sus “extrañas obsesiones…” 

En 1960, a los 21 años y de nuevo viviendo con sus padres, se reporta un incidente en el cual Brudos queda impresionado por una chica que ve pasar por la calle, la sigue y decide atacarla para robarle sus zapatos. 

Este tipo de lances producían un efecto de corte erótico y de dominación para Brudos. Se entiende que cada vez va refinando sus métodos para acercarse a sus víctimas.

Tras obtener su licencia FCC, Brudos consigue empleo en una estación de FM. Ahí conoce a Darcie Metzler, entonces de 17 años, con quien comienza una relación romántica. 

Comprensiblemente los padres de la muchacha desaprueban el noviazgo pero en un acto de rebelión ella enfoca toda su atención al extraño electricista. Terminan casándose a mediados de 1962. 

Tienen su primera hija, llamada Megan, pero al principio del matrimonio se tienen que mover mucho a causa de la inestabilidad laboral de Brudos.

En 1967 su esposa no le permite estar en el parto de su hijo varón; enfurecido, semanas después Henry descargaría su ira violando a una mujer.

En 1967 finalmente la familia Brudos se establece en Portland, donde Jerry (Henry) ha obtenido un empleo como electricista. 

Darcie está embarazada de nuevo y el papá está feliz ante la perspectiva de tener un hijo varón. El día del nacimiento de Jason, quiso el destino que Darcie negara a Henry su presencia durante el parto. 

Este caprichoso rechazo le provocó una gran tristeza y muy pronto regresó al robo de zapatos y calzones. 

De hecho unas cuantas semanas después Brudos descargó su ira contra una mujer de la ciudad a quien atacó dentro de su casa una vez caída la noche. La desmayó, violó y robó sus pertenencias íntimas.

Para un hombre tan depravado como Brudos, escalar en la gravedad de sus crímenes era cosa de tiempo y tenía que llegar el primero de varios asesinatos atribuidos a su persona.

Despierta la bestia

En 1968 la señorita Linda Slawson, de apenas 19 años, trabajaba por comisión para una compañía de libros. 

Vendía enciclopedias de puerta en puerta para ayudarse a pagar la escuela. 

El 26 de Enero efectuó su último recorrido en un vecindario de Portland para desaparecer. No se supieron muy bien las circunstancias de la desaparición de la chica, hasta que se tuvo a Brudos en custodia. 

De momento la compañía de libros no tenía registrado el itinerario de visitas de Slawson y la Policía solo pudo hallar el auto de la chica sin poder obtener alguna pista sólida sobre su paradero. 

Brudos confesó que tan pronto Slawson estuvo en su jardín, planeó meterla a su taller por medio de engaños. La chica lo siguió inocentemente hasta su taller de la casa donde con una palanca la golpeo noqueándola al instante.

Henry introdujo a Linda Slawson (arriba) con mentiras a su taller, la golpeó con una palanca, la desvistió, le probó ropa guardada, la fotografió y, antes de matarla, le corto un pie para sus ritos fetichistas. Fue su primer asesinato.


Luego procedió a estrangularla y, con toda la calma del mundo, teniendo el cadáver de una mujer en su casa, habló con su familia, diciéndoles que se fueran a comer a un centro comercial, cosa que su esposa e hijos diligentemente hicieron. Inmediatamente la desvistió y le probó la ropa que tenía guardada. 

Tomó todas las fotografías que pudo y decidió deshacerse del cuerpo, no sin antes cortarle un pie con una sierra. 

Dicho pie fue almacenado temporalmente en un congelador para posteriormente usarlo en sus ritos fetichistas. 

El cuerpo lo tiró atado a un bloque de motor al río Willamette. 

Estas confesiones fueron motivo de gran irritación por parte de la Policía, que tenía que soportar la arrogancia y el cinismo de Brudos al reconocer los crímenes.


El 26 de Noviembre de 1968, la señorita Jan Whitney de 23 años desapareció igual que Slawson, en circunstancias misteriosas. Su automóvil marca Rambler fue hallado abandonado en una carretera cerca de Albany, Oregon. 

Ese día iba camino a casa para el festejo del Día de Gracias. 

La Policía supuso que, tras un fallo mecánico de su coche, tuvo que hacer autostop y alguien habría aprovechado para secuestrarla. 

En esas épocas y lugares, era habitual que las muchachas hicieran autostop y no era tampoco extraño que los depravados aprovecharan esas abundantes oportunidades para secuestrarlas. 

Según Brudos, Whitney estaba a un lado de la carretera con su auto descompuesto. 

A pesar de que estaba acompañada por un par de sujetos de aspecto hippie, no desaprovechó la oportunidad que se presentaba con esta muchacha. 

De acuerdo a esto, los tipos no podían componer el auto, así que Brudos se ofreció ayudar. Tuvo la paciencia de irlos a dejar a donde iban los señores y luego condujo a la muchacha hasta su casa.

Ahí le dijo que esperara mientras Brudos informaba a su mujer que iba a arreglar el auto de la señorita Whitney. 

Regresó a ella e increíblemente la muchacha aceptó de buen grado los extraños juegos que Brudos jugaba. 

Probablemente la muchacha estaba dispuesta a juguetear con un hombre desconocido, sin embargo este no era el indicado. 

Después de colocarle un lazo en los ojos, la estranguló con el mismo. 

Después de asfixiarla, tuvo sexo con el cadáver. Llevó el cuerpo a su taller y tuvo sexo numerosas veces más, fotografiándolo con las ropillas femeninas producto de sus hurtos. 

Finalmente colgó el cadáver en un gancho con unas poleas que había montado en el techo. Cualquiera que hubiera entrado al sitio, habría descubierto las actividades criminales de Brudos, pero éste no hacía gran cosa por ocultarlas. 

Se dio el caso que un automóvil se estrelló en su propiedad haciendo un hoyo en la pared. 

Si alguien hubiera echado un vistazo podría haber descubierto algo, sin embargo nadie lo hizo. 

Ni siquiera el olor a muerto llamó la atención de nadie. Igual que Linda Slawson, Jan Whitney fue a dar al río Willamette junto a una pieza de coche muy pesada. 

Brudos, antes de deshacerse del cadáver, arrancó un seno al cuerpo con el objetivo de hacer con el un pisapapeles.


Tocó turno a Karen Sprinker, muchacha de 19 años, que fue secuestrada por Brudos el día 27 de Marzo de 1969 en un centro comercial al que la víctima había ido para reunirse con su madre. 

A pesar de que a Brudos no le agradaron los zapatos que la chica calzaba, se decidió por ella tras haber fallado con otra. 

A punta de pistola la hizo subirse a su carro y la llevó directamente a su casa, donde la violó y la forzó a posar con la ropa interior y zapatos de su colección. La colgó del cuello en su sistema de poleas y la asesinó. 

El cadáver de Karen sufrió las mismas vejaciones que los dos anteriores. 

Esta vez fueron cortados los dos senos dado que había fracasado en su anterior intento por hacer un buen molde para el pisapapeles. Para que el cuerpo no ensuciara su carro, le colocó un enorme sostén con algodones y gasas. 

El día de su secuestro su mamá la esperó por más de una hora. Testigos indicaron que habían visto a una mujer alta muy extraña merodear el estacionamiento de la tienda. 

Alguien dijo que al ver de cerca a la “mujer” descubrió que se trataba de un sujeto travestido. Todos se giraban a mirar al individuo. 

Sin embargo este dato no fue relacionado directamente con el secuestro de Karen Sprinker.


Un incidente adjudicado a Brudos después de su detención se dio el 21 de Abril de 1969, protagonizado por la señorita Sharon Wood, quien ese día asistió a un centro comercial para reunirse con su ex esposo para discutir sobre su divorcio. 

Sin embargo le tocó estacionar su vehículo en un nivel y lugar apartado del sótano. 

Entonces notó que alguien la observaba, específicamente un extraño sujeto. Instintivamente pensó en acercarse donde se escuchaba el ruido de las personas, pero en ese momento alguien tocó su hombro. 

Al voltear vio a este hombre con una pistola en mano. 

El tipo le dijo que guardara silencio, sin embargo su reacción fue, aparte de terror también de furia, y decidió pelear por su vida pues algo le indicaba que este hombre era un homicida. 

No permitiría ser atacada de esa manera. Después de algo de lucha y forcejeo, consiguió morderle una mano. 

A pesar de que el sujeto pesaba mucho más que ella, logró conseguir segundos preciosos puesto que el sujeto tuvo que huir ante la cercanía de un automóvil. 

Sharon Wood informó a la Policía que el sujeto tenía ojos azules y muchas pecas, pero ninguna persona que estuvo cerca del acontecimiento pudo recordar a un hombre con tal descripción.

Pocas horas después una chica de 15 años de Salem, Oregon, reportó a la Policía haber sido tratada de introducir a la fuerza a un carro por un hombre alto y pecoso. 

Hasta ese momento la Policía no sospechaba que tenía en su territorio a un asesino serial en libertad. 

Los estudiosos coinciden en señalar que el estado de Oregon nunca había tratado con criminales seriales, por lo que la respuesta de las autoridades era mas bien tibia e inefectiva.

El 23 de Abril de 1969 desapareció la señorita Linda Salee. 

Había ido a un centro comercial a comprar un regalo para su novio, pero nada más se supo de ella. 

Igual que con las otras víctimas, su automóvil fue hallado abandonado y sin señales de que alguien hubiera entrado al vehículo a la fuerza. 

El novio fue interrogado pero no hubo ninguna razón para considerarlo sospechoso. 

En esta ocasión Brudos usó la vieja artimaña de fingir ser un policía y, blandiendo una placa, obligó a la chica a hacer lo que él quería. Para manipularla la acusó de robar una tienda. 

Al parecer la chica no pensó que fuera a ser asesinada pues no hizo nada por escapar cuando Brudos la dejó amarrada mientras se fue a almorzar. 

De regreso la violó al mismo tiempoque la estrangulaba. Al parecer le insertó cables con corriente en el tórax para hacerla “bailar…” 

Tales eran las fantasías del depravado asesino, de controlar hasta en la muerte a sus víctimas, conducta observada en otros asesinos como Dahmer y Dennis Nilsen.

Tras la desaparición de Salee, la Policía súbitamente recordó el caso de Linda Slawson, quien desapareció en similares circunstancias, sin dejar rastro alguno. 

Se dieron cuenta de que todas las desaparecidas eran mujeres blancas, jóvenes y de alguna manera atractivas. 

También se descubrió un patrón: todas desaparecían después de mediados de mes. 

Pocas semanas después un hombre que iba de pesca encontró restos humanos atrapados en la corriente del río Long Tom. 

Al llegar la Policía se dio cuenta que esta era evidencia de un crimen, y lo curioso es que de inmediato comenzaron a recabar evidencias cruciales para el caso. El cadáver estaba atado a un peso con una cuerda de nylon con un nudo muy especial.

Asimismo la presencia de alambre de cobre le indicó a los detectives que el o los asesinos tenían experiencia como electricistas. 

Por las marcas del cuello, el forense determinó que lo más probable era que la chica muriera por estrangulamiento. 

Gracias a las impresiones dentales se determinó que la desafortunada víctima era Linda Salee.


Ante el macabro hallazgo la Policía comenzó a buscar exhaustivamente por el río y poco tiempo después se encontraron nuevos restos en descomposición. 

Encontraron iguales nudos y materiales, lo que reforzaba la idea de que era un solo individuo el sospechoso de los crímenes. 

También la chica hallada estaba atada a un peso. Mediante la ropa que aún conservaba el cadáver fue posible identificarlo como perteneciente a Karen Sprinker. Tras mayores rastreos no fue hallado nada más en las riveras del río. 

Lo único seguro para la Policía era que estaban buscando a un sujeto muy fuerte. 

Finalmente alguien en el departamento de policía tuvo una brillante idea: investigar en la universidad local, dada la juventud y naturaleza de las víctimas. 

Aquella estrategia dio frutos inmediatos.

Los investigadores que interrogaron a las estudiantes de la Universidad Estatal de Oregon se enteraron de la queja de varias señoritas que hablaban de un hombre que les hacía llamadas telefónicas tratando de sonsacarlas. 

Además, varias personas habían notado la presencia en el campus de un extraño sujeto pelirrojo y ligeramente panzón. 

Con tan buena suerte, se pudo contactar a una muchacha que en efecto había accedido verse con este sujeto, quien se describió como veterano de Vietnam en busca de compañía. 

La chica no tenía intenciones de ver de nuevo al sujeto dado su comportamiento fuera de lugar. En la cita este hombre alto y pecoso había querido hablar acerca de las chicas halladas en el río. 

Además en un raro desplante, quiso saber por que ella no tenía miedo de que él la fuera a estrangular. 

Sin embargo la Policía confiaba en que el hombre le llamaría de nuevo y le pidió a la estudiante que por favor aceptara otra cita más y así sucedió unos días después. La chica notificó inmediatamente de la hora y el lugar del encuentro a los oficiales.

Una vez puesta la trampa, los oficiales conocieron al sospechoso: un hombre alto, ligeramente regordete, de quien conocieron que se llamaba Jerry Brudos. 

Carecían de elementos para detenerlo en ese momento así que se conformaron con saber que vivía por el rumbo y que curiosamente se dedicaba a la Electrónica. 

Tras cinco días de vigilarlo e investigar su pasado, decidieron arrestarlo.

Tras su detención

La misión de incriminar a Jerry Brudos no era sencilla, sin embargo la dificultad se disipó cuando se estableció la cercanía en tiempo y lugar entre Brudos y cada una de las 4 víctimas conocidas. 

En su taller casero se hallaba mucha cuerda de nylon como la usada para atar los cuerpos de las víctimas. Su apariencia no denotaba tanta fortaleza para movilizar cuerpos, pero esa impresión podía ser engañosa. 

No había suficiente evidencia ni motivo aún para obtener una orden de cateo girada por un juez. 

De lo que no se pudo librar fue de la identificación positiva en su contra de una adolescente quien aseguró haber sido molestada por Brudos hacía unas semanas. 

Aquello fue suficiente para detenerlo justo cuando intentaba moverse junto a su esposa.



Henry no contaba con que su esposa (arriba) no satisfizo el pedido de quemar sus pertenencias. Gracias a eso hallaron evidencia para acusarlo, pues hasta habían fotos de sus víctimas en diferentes poses y grados de mutilación.

El 30 de Mayo, día de su arresto, la Policía descubrió que estaba usando ropa interior de mujer. Aceptó someterse a un interrogatorio, y a pesar de los consejos de su abogado, comenzó a confesar. 

Durante tres días consecutivos, les contó a los detectives acerca de sus actividades fetichistas y, sin mostrar culpa o remordimiento, habló de todos los asesinatos. 

Hablaba muy animado como si quisiera contagiar su pasión a los que le escuchaban. 

Esa actitud engreída y cínica resultaba muy molesta para los oficiales, quienes notaron que Brudos hablaba de las mujeres como si fueran objetos destinados exclusivamente a procurarle placer y diversión. 

Y a pesar de confesar abundante información, ésta no precisaba detalles cruciales que verdaderamente lo incriminaran. Tal era la malicia de Jerry Brudos. 

Con lo que no contaba era que, cuando pidió a su mujer quemar sus pertenencias, ésta ya no quiso seguirle el juego y se negó. 

No se sabe a ciencia cierta si Darcie se había dado cuenta de las actividades criminales, o es que ya estaba cansada de las extravagancias sexuales de su marido, quien al comienzo de su matrimonio le pedía andar desnuda por la casa.  

Una vez Brudos se presentó en la intimidad ataviado con ropa de mujer, para su desilusión Darcie no comprendió este aspecto de su sexualidad y tras la embarazosa experiencia se decidió no volver a tocar el tema. 

La señora Brudos también había cuestionado a Jerry acerca del molde de seno que había en su taller casero. 

Este le respondió que no era mas que un pisapapeles.

El 2 de Junio de 1969 se le acusa oficialmente a Brudos de asesinato en primer grado contra Karen Sprinker y se efectúa el ansiado cateo en su domicilio. 

El equipo encargado de recolectar los datos quedó estremecido con los hallazgos. 

Se encontraron primero que nada con el gancho y las poleas empotrados en el techo usados para colgar los cuerpos de las víctimas. 

También hallaron mucha cuerda y cintas presumiblemente usadas para maniatar a las muchachas. Apareció el molde del famoso pisapapeles en forma de pecho de mujer. 

Toda la colección de ropa íntima de mujer, como camisones, sostenes, pantimedias y tangas en diversos estilos y tallas. No podía faltar una buena provisión de zapatos de mujer igualmente en diferentes tallas y estilos. 

Pero lo más espantoso fueron las numerosas fotografías en que salía Brudos mismo vestido de mujer, y luego fueron apareciendo otras donde estaban sus víctimas en diferentes poses y grados de mutilación. 

Algunas imágenes tenían recortada la parte donde estaba la cabeza, como para gozar el anonimato de la víctima. Pero hubo una fotografía que inclusive causó profunda impresión a los propios abogados de Brudos. 

En ella, aparecía colgada una jovencita en el mencionado gancho de su taller, vestida con un camisón y ligueros. 

En una esquina inferior de la foto, se aprecia un espejo que yace en el suelo donde se refleja la imagen estática del asesino. Se trataba de Jerry Brudos contemplando a la mujer que había matado momentos antes.

A pesar de que al momento de comenzar el juicio de Brudos no habían aparecido los cuerpos de Slawson y de Whitney, la evidencia física hallada en su casa, la confesión y el testimonio de varias personas constituyeron el llamado ‘cuerpo’ del delito. 

Después de la consabida batalla legal en la corte, Brudos fue sentenciado a tres cadenas perpetuas. 

Sus abogados no podían ya salvar el hecho de la culpabilidad de Brudos, la evidencia así lo mostraba. Pero se enfocaron en demostrar que el defendido, había perdido el control de sus actos, tras un accidente laboral cuando tocó accidentalmente un cable con mucha corriente. 

Después de aquel incidente, le habían dado fuertes dolores de cabeza y había comenzado a fantasear en guardar cuerpos de chicas en su refrigerador. 

Siete psicólogos analizaron al acusado para finalmente determinar que a pesar de tener un agudo desorden de personalidad, y de mostrar parafilias, el señor Brudos era perfectamente capaz de discernir entre el bien y el mal. 

Entonces la estrategia tuvo que corregirse, para finalmente declararse culpable de los cargos.

Durante sus años de prisión Jerry Brudos no lo pasó muy bien, siendo blanco frecuente de ataques. En uno de los cuales le provocaron una fuerte herida en el cuello que requirió decenas de puntos de sutura. 

Llegó el día en que Brudos se negaba a dar entrevistas y a ventilar de nuevo sus crímenes con tal de que nadie más se enterase en la prisión de sus pasadas monstruosidades. 

Se supo que en su celda tenía apilados numerosos catálogos de calzado, que frecuentemente solicitaba por correo. Luego fue conocido por ser un genio de las computadoras. Durante mucho tiempo insistió al comité de libertad bajo palabra que ya estaba reformado y listo para salir, pero siempre le fue negada la moción. 

El 28 de Marzo del 2006 a los 69 años, falleció en prisión de causas naturales (se menciona que estaba en tratamiento por cáncer de colon).

 CONTINUARÁ