Las cuatro compañías que controlan el 90% de la alimentación mundial

Las cuatro compañías que controlan el 90% de la alimentación mundial 

Las cuatro compañías que controlan el 90% de la alimentación mundial

golden spikes with dollar bills
Coincidiendo con el Día Mundial de la Alimentación, se nos alertó de una nueva subida de precio de los alimentos, con repercusiones que ya se contabilizan en los registros funerarios de los países más vulnerables, sobre todo en el Sahel. 
El argumento difundido, las malas cosechas que tuvo la agroindustria el año pasado enEstados Unidos, ya sabemos que es mitad mentiroso, mitad incompleto, y por suerte la información se nos amplia y las verdaderas causas afloran: 
el precio de la materia prima sube -como en las anteriores crisis alimentarias– por 
(a) las grandes cantidades de cereales que se destinan a elaborar combustibles (¿recuerdan hace seis y siete años cuando se advirtió de los inconvenientes de esta nueva tecnología?); 
(b)por la especulación que de las futuras cosechas se hace en las bolsas financieras; 
(c) -esto es más novedoso- por la cada vez mayor cantidad de tierra fértil que está pasando de las manos campesinas al patrimonio de bancos, empresas y fondos de inversión.
¿Quién está en todos esos negocios a la vez? 
¿Quién hay detrás de la carne, del pan, de la pasta, de la leche… y no lo sabemos? 
¿Quién tiene en el mismo local estanterías repletas de agrocombustibles hechos de maíz, lineales con piensos de soja para el engorde de animales y, un pasillo más allá, una mesa con un gestor que ofrece pensiones ligadas a la compra de hectáreas en Etiopia o bonos financieros referenciados al precio del trigo? 
Los cuatro ‘compro, vendo y especulo’ de la comida a los que me refiero son, por este orden: 
ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus, conocidos por sus iniciales como los ABCD de la comercialización de materia prima. 
Cuatro empresas con sede en los Estados Unidos que, si inicialmente consiguieron dominar y controlar el mercado mundial de los granos básicos, cereales y leguminosas, han ido ampliando en los últimos años sus negocios a estas nuevas áreas.
Son cuatro establecimientos, cuatro bazares, como esos que tienen todo lo que puedas imaginar y lo que no. 
Desde una jarra con forma de vaca para servir la leche por sus ubres de cerámica, al siempre imprescindible cazamariposas entre la estantería de ropa íntima y las útiles llaves de ferretería o  sacos de tierra de jardín. 
Sólo hay una diferencia, mientras en tiempos de crisis estos universos de barrio padecen la crisis como cualquier otro negocio, los ABCD de la comida, cuatro empresas monstruosas nacidas y crecidas en el regazo de mamá capitalismo y papa desregulación, ganan todo el oro del mundo diciendo que fabrican comida cuando en realidad se lucran hambreando a millones de seres humanos. 
Y lo hacen desde la invisibilidad.
Es muy difícil sumergirse en las entrañas de estas empresas y sus infinitas subsidiarias pero hay dos cosas obvias. 
Primera, si entre ellas cuatro controlan, como es el caso, el ¡90%! del mercado mundial de cereales;  si el mercado no tiene ninguna regulación (ni aranceles o cuotas de importación/exportación, ni reservas públicas de cereales, ni políticas de precios); y si las pocas normas  que se dictan son supervisadas por las propias ABCD, es fácil deducir que son sus decisiones quienes verdaderamente marcan el precio de dicha materia prima y por lo tanto de todos los alimentos que incluyen arroz, trigo, maíz, etc. 
Segunda, si las ABCD (junto con algunas entidades financieras) han degustado los brutales beneficios que les genera especular con la comida y la tierra de cultivo, como sangre para vampiros, seguirán chupando del hambre de los demás si nadie les pone coto. Dreyfus, por ejemplo, ha creado su propio instrumento de inversión Calyx Agro Ltc,para «obtener beneficios del creciente sector del agronegocio y del potencial de apreciación de la tierra, adquiriendo tierras que actualmente se explotan con baja tecnología o que se utilizan para el pastoreo».
Las últimas crisis alimentarias han permitido que la sociedad civil conociéramos y denunciáramos cómo de la comida y la tierra se ha hecho objetos de especulación. 
El foco se ha centrado en los bancos y sus actividades en los mercados financieros ligados a los alimentos, con campañas publicitarias del tipo ‘el negocio de alimentar el mundo’ que han merecido todo el rechazo de la sociedad. 
Aunque el papel que juegan los ABCD es complejo y lejano debemos tomar conciencia por su importancia en el precio de las materias primas. 
Por parte  de los movimientos campesinos, en cualquier caso, la respuesta que ha llegado ha sido clara: Soberanía Alimentaria
También ahora hay que responder. No son normas para que las ABCD ganen menos dinero lo que necesitamos, lo que se requieren son políticas a favor de la Soberanía Alimentaria para que la alimentación, que no es una mercancía, nos llegue de muchas, pequeñas y humanas agriculturas.
De todo un abecedario alimentario.

Suiza, capital mundial de las commodities Los que deciden quién come o no La burbuja alimentaria el CRIMEN más VERGONZOSO del CAPITALISMO 


La burbuja alimentaria

Hola amig@s,
estos días he leído otra de esas noticias que te hacen sentir que nada puede frenar el poder de la élite. La chulería, la desvergüenza es tal, que de vez en cuando alguno se sale del tiesto, olvidándose de algunas normas no escritas como lo de “parecer honrado” o ser “políticamente correcto”.
El último en dar la campanada ha sido un jefe comercial de la multinacional Glencore International AG. Recapitulemos. 
Glencore International AG es una compañía privada creada bajo las leyes de Suiza es líder mundial en la explotación, fundición, refinación, procesamiento y el comercio de metales y minerales, también de productos de energía y es la principal empresa privada dedicada a la compraventa y producción de materias primas y alimentos del planeta. 

En alimentos básicos controla casi el 10 % de trigo del mundo, cerca del 25% del mercado mundial de cebada, girasol y colza. También es un importante productor de azúcar. Y no solo eso, controla el 50 por ciento del mercado mundial de cobre, el 60 % de zinc, el 38 % de alúmina, el 28 % de carbón para centrales térmicas, el 45 % de plomo.

Uno de sus directivos, Chris Mahoney, ha declarado que la actual crisis alimentaria y el alza de los precios de los alimentos es una buena oportunidad para su negocio: 

El entorno es el adecuado. 

Precios elevados, alta volatilidad, una gran dislocación económica, rigidez y muchas oportunidades de arbitraje. Seremos capaces de proporcionar soluciones al mundo… lo cual también será bueno para Glencore“. 

Aquí podréis leer una traducción del artículo original que habla sobre estas declaraciones, publicado por el diario británico “The Independent” (podéis leer el original en inglés pinchando aquí). 

La economista sénior de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Concepción Calpe, indicó a The Independent: “Las empresas privadas como Glencore están jugando a un juego que les podría otorgar enormes beneficios”.

Como muchos sabréis, la especulación mundial se ceba con los bienes de primera necesidad, como alimentos o vivienda (pese a que se supone que deberían estar garantizados, que se nos reconocen como derechos y bla, bla, bla). 

Podemos vivir sin coche, pero no sin agua o comida: negocio redondo. Como también sabréis el cereal es el alimento básico de muchas personas en el mundo. Igual sucede con el arroz.

Empresas como estas son las que constituyen lobbies que presionan gobiernos. La mayor empresa del mundo de alimentación, frotándose las manos ante una crisis alimentaria, porque sabe que nadie la frenará. Pese a que morirán cientos de miles de personas.


Hace tiempo que existen voces que se alzan contra este abuso de las multinacionales. La principal es la de Frederick Kaufman, famoso periodista especializado en temas alimentarios que ha desarrollado su tesis de que Wall Street ha condenado al hambre a millones de personas con su ciega búsqueda de beneficios especulando con alimentos básicos (“La burbuja alimentaria” publicada por la revista Harper’s) .
Kaufman explica en ese reportaje un elemento clave en la evolución de los mercados de futuro, y consecuentemente en los precios finales de los alimentos: la llegada de los fondos de inversión a estos territorios. «La historia de la alimentación tomó un giro siniestro en 1991. 
Ese año Goldman Sachs decidió que el pan nuestro de cada día podría suponer una excelente inversión. 
Con su acostumbrado cuidado y precisión, los analistas de Goldman se dedicaron a transformar los alimentos en concepto. 
Seleccionaron ocho productos primarios mercantilizables y elaboraron un elixir financiero que incluía ganado, café, cacao, maíz, porcino y una o dos variedades de trigo… que a partir de entonces se conoció como Índice de Materias Primas de Goldman Sachs. 
Desde la innovación de Goldman, miles de millones de nuevos dólares han aplastado el suministro y la demanda reales de trigo».
Un banco de inversiones (rescatado con fondos públicos), al que luego se sumaron otros (Citigroup, Bank of America, Deutsche Bank) maneja los hilos de un derecho humano. 
Provocaron la crisis alimentaria de 2007 y 2008, con la terrible consecuencia de aumentar en 250 millones el número de personas que pasan hambre. Y ahora, de nuevo, están agazapados inflando la burbuja. 
Los precios de muchas materias agrícolas (todas las que entran en el mercado global) se determinan por las interacciones entre la oferta y la demanda en las Bolsas más importantes del mundo. 
Si bien no se intercambian sacos de trigo o patatas, sí se negocian contratos de compraventa en los que se especifican cantidades y plazos de entrega. 
Un mercado invisible de futuros impredecibles.
Hasta hace varias décadas este modelo se encontraba compensado por unconjunto de políticas regulatorias que buscaban estabilidad en los precios de los alimentos. En el comercio internacional los aranceles protegían las economías nacionales. 
En el comercio interno se contaba con servicios de almacenamiento público de grano, precios de referencia y cuotas de producción, como mecanismos para hacer más equilibrados los mercados. 
Pero, a partir de los años 90, las políticas neoliberales se diseñan para eliminar cualquier medida regulatoria. 
Se entablan las primeras negociaciones que llevarán a la formación de la Organización Mundial del Comercio, las primeras reformas de la Política Agraria Común, los primeros Tratados de Libre Comercio, etc. 
En su ecuación, el precio de los alimentos lo marcará desde entonces, indiscriminadamente, el mercado de futuros.
Estos mercados llevan asociada una figura, los especuladores, porque de eso se trata, de regatear con el porvenir. 
De comprar y esperar el mejor momento para vender; y está claro que no aguardan frente a la ventana esperando ver si llueve mucho o poco, si hiela o no. 
¿Podemos generar dudas sobre las próximas cosechas, se preguntan, rascándose la barbilla? Si las noticias dicen, por ejemplo, que en Rusia hay mucha sequía… que corra la pólvora mediática, que el incendio nos favorecerá.
Al hilo de esto, podemos encontrar que las multinacionales alimentarias se han convertido en auténticos gigantes, a menudo desconocidos. Me he puesto a buscar un poco más de información y he dado con numerosos enlaces y textos, quiero resaltar este:

<<Cargill es una de las cuatro compañías que controlan el 70 por ciento del comercio mundial de comida. Mientras el mundo se enfrenta a la mayor crisis alimentaria en décadas, ellos hacen caja ‘leyendo los mercados’… Así funciona.

Usted no lo sabe, pero la tostada de su desayuno es una mercancía más valiosa que el petróleo. La harina con la que está hecha tiene nombre: Cargill. ¿Le suena? 
Pues también se llaman Cargill la grasa de la mantequilla que unta su tostada y la glucosa de la mermelada que la endulza. Cargill es el pienso que engordó a la vaca lechera y a la gallina que puso los huevos que se fríen en la sartén. 
Cargill es el grano de café y la semilla de cacao; la fibra de las galletas y la bebida de soja. ¿El endulzante del refresco, la carne de la hamburguesa, la sémola de los fideos? 
Cargill. Y el maíz de los nachos, el girasol del aceite, el fosfato de los fertilizantes… 
¿Y qué me dice del biocombustible de su coche, ese almidón que las petroleras han refinado para convertirlo en etanol y mezclarlo con gasolina?  
Adivine.

No, no busque marca o etiquetas; no las encontrará. Cargill ha pasado de puntillas por la historia. 

¿Cómo puede ser que una empresa fundada en 1865, con 131.000 empleados repartidos en 67 países, con unas ventas anuales de 120.000 millones de dólares que cuadruplican la facturación de Coca-Cola y quintuplican la de McDonald’s, sea tan desconocida? 

¿Cómo se explica que una compañía tan gigantesca que sus cuentas superan la economía de Kuwait, Perú y otros 80 países haya pasado tan inadvertida hasta ahora?>>  

“Las multinacionales y la burbuja alimentaria” (publicado en el  XL Semanal número 1219 del 06 de marzo de 2011 por Carlos Manuel Sánchez)

Bien, lo que me queda claro de este tema es lo mismo de siempre: “cuatro” inversores, “cuatro” empresas, que ven negocio donde sea, que sacan beneficios del hambre y la miseria de unos pocos, de las necesidades de todos, que pisotean los derechos con la colaboración, la complicidad y el silencio de muchos políticos, de muchas autoridades que podrían impedirlo.
Y luego el criminal es Gordillo por atracar un mercadona… una vez más es más sencillo dirigir a la población hacia otros objetivos, no hacia los verdaderos criminales. Porque somos seres viscerales y la crisis nos agrava esta faceta, en lugar de razonar un poco y relativizar los temas. Una lástima.
Os pongo una serie de enlaces a páginas que tratan este tema, aunque la información y opiniones en internet son amplísimas.
Da bastante miedo pensar en todos estos temas: alimentos genéticamente manipulados, componentes añadidos cancerígenos, manipulación de alimentos para bebés… ¿cómo podemos estar tranquilos si tenemos la sensación de que hacen de alimentarnos un negocio y de envenenarnos una inversión?
Lo cierto es que cada día más, esto me parece todo un expediente X…y cada día más tengo claro que la solución pasa por dar una patada a las multinacionales y volver al desarrollo sostenible que se practicaba toda la vida, que eso no es ningún invento moderno, sino que es como se vivió siempre en los pueblos. 
Soy la primera que debo aprender a ver la realidad para cambiarla: soy adicta a la coca cola y no a la lechuga (por algo será), a menudo la comida entra por los ojos y por la marca, que me he comprado el “milka philadelphia” porque cada vez que veía el anuncio me apetecía… es decir, que soy consciente de que soy una víctima más del consumismo, que debo aprender a ser más crítica y mandar a paseo los cánticos de sirena de las multinacionales, que con sus suculentas ofertas, fotos y olores (manipulados) nos están convirtiendo en una sociedad con cada vez más sobrepeso. 
¿Y realmente creéis que es casualidad? 
Estoy deseando saber quién es la mayor distribuidora mundial de productos anti colesterol… y quiénes son sus accionistas.
¡Salud!

Suiza, capital mundial de las commodities

  30 de julio de 2012

Nadie ignora la importancia que tiene Suiza como centro bancario internacional, pero muy poca gente sabe que ese país apacible se transformó en los últimos quince años en la capital mundial de la comercialización de las materias primas.

Todas las grandes empresas de trading -Glencore, Xstrata, el grupo Louis-Dreyfus, Gunvor, Trafigura, Vitol e incluso Bunge- tienen su cede central o por lo menos mantienen importantes representaciones en esa diminuta superficie que va desde el lago Zug hasta el lago Leman, que bordea Ginebra.
El volumen que alcanzó la industria del trading en Suiza se multiplicó por quince desde 1988: uno de que cada dos granos de café que se venden en el mundo se negocian desde la confederación helvética, al igual que uno de cada dos terrones de azúcar, un tercio de la producción mundial de cereales y oleaginosos, y el 35% del petróleo.
Ginebra, la ciudad de Calvino, inclusive reemplazó a Londres como principal hub mundial del comercio petrolero.
Como la principal materia prima que utilizan los traders de commodities es el dinero, el sistema bancario de primer nivel que ofrece Suiza responde exactamente a las necesidades de esa industria inmaterial.
“Sin respaldo financiero, no hay negocios de materias primas”, reconoce Eric de Turckheim, CEO de Trafigura.


Las Big Four

Las commodities alimentarías -carnes y granos- están controladas por la cuadriga conocida por las iniciales de sus cuatro actores más importantes: ABCD (ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus).

Buna parte del comercio del petróleo está concentrado en un puñado de empresas -como Vitol, Gunvor y Litasco- que son propiedad de oligarcas rusos.

Las row materials industriales están prácticamente monopolizadas por Glencore y Xstrata. Otras grandes del sector, como Mercuria y Trafigura, tienen intereses transversales. 

La concentración favorece también a la especulación, que representa el mayor factor de la distorisión de la economía global: los llamados derivados financieros -futures, forwars, swapsopciones o CDS– son mucho más importante que la producción física.

Por cada wet barrel (petróleo físico) que se extrae en los pozos, hay 15 a 20 paper barrels que se negocian en el mercado especulativo de productos energéticos.

Por lo demás, hasta el momento en que llegan al surtidor, esos cargamentos suelen cambiar varias veces de propietario y de destino en plena alta mar.

La tendencia muestra que la prosperidad de Suiza como capital global de materias primas no corre peligro de desaparecer a corto plazo. La ecuación es irrefutable. 

Para satisfacer las necesidades de una población que pasará de 7.000 millones de habitantes en la actualidad a 9.000 millones en 2050, el mundo necesita aumentar el 50% la producción de todas sus materias primas.



Ese incremento será imprescindible para asegurarle a esa nueva parte de la humanidad alimentos, vestimenta, alojamiento, transportes, educación, salud, comunicaciones, diversiones, todas actividades que dependen de una intensa explotación de los recursos de la tierra (agrícolas y minerales).

Fuente: Revista Fortuna


Enlaces de interés 

¿Cuál es el futuro de las commodities?
¿Qué son los derivados financieros?


Suiza, capital mundial de las commodities
La mitad del café, el azúcar, los cereales y los oleaginosos se negocian en Suiza, así como el 35% del petróleo.

Como enseña el cuento “La carta robada”, de Edgar Allan Poe, las evidencias más ostensibles suelen pasar totalmente inadvertidas para la mayoría de la gente.

Nadie ignora la importancia que tiene Suiza como centro bancario internacional, pero muy poca gente sabe que ese país apacible se transformó en los últimos quince años en la capital mundial de la comercialización de las materias primas.
Todas las grandes empresas de trading -Glencore, Xstrata, el grupo Louis-Dreyfus, Gunvor, Trafigura, Vitol e incluso Bunge- tienen su cede central o por lo menos mantienen importantes representaciones en esa diminuta superficie que va desde el lago Zug hasta el lago Leman, que bordea Ginebra.
El volumen que alcanzó la industria del trading en Suiza se multiplicó por quince desde 1988: uno de que cada dos granos de café que se venden en el mundo se negocian desde la confederación helvética, al igual que uno de cada dos terrones de azúcar, un tercio de la producción mundial de cereales y oleaginosos, y el 35% del petróleo.
Ginebra, la ciudad de Calvino, inclusive reemplazó a Londres como principal hub mundial del comercio petrolero.
Como la principal materia prima que utilizan los traders de commodities es el dinero, el sistema bancario de primer nivel que ofrece Suiza responde exactamente a las necesidades de esa industria inmaterial.
“Sin respaldo financiero, no hay negocios de materias primas”, reconoce Eric de Turckheim, CEO de Trafigura.


Las Big Four

Las commodities alimentarías -carnes y granos- están controladas por la cuadriga conocida por las iniciales de sus cuatro actores más importantes: ABCD (ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus).

Buna parte del comercio del petróleo está concentrado en un puñado de empresas -como Vitol, Gunvor y Litasco- que son propiedad de oligarcas rusos.

Las row materials industriales están prácticamente monopolizadas por Glencore y Xstrata. Otras grandes del sector, como Mercuria y Trafigura, tienen intereses transversales. 

La concentración favorece también a la especulación, que representa el mayor factor de la distorisión de la economía global: los llamados derivados financieros -futures, forwars, swapsopciones o CDS– son mucho más importante que la producción física.

Por cada wet barrel (petróleo físico) que se extrae en los pozos, hay 15 a 20 paper barrels que se negocian en el mercado especulativo de productos energéticos.

Por lo demás, hasta el momento en que llegan al surtidor, esos cargamentos suelen cambiar varias veces de propietario y de destino en plena alta mar.

La tendencia muestra que la prosperidad de Suiza como capital global de materias primas no corre peligro de desaparecer a corto plazo. La ecuación es irrefutable. 

Para satisfacer las necesidades de una población que pasará de 7.000 millones de habitantes en la actualidad a 9.000 millones en 2050, el mundo necesita aumentar el 50% la producción de todas sus materias primas.



Ese incremento será imprescindible para asegurarle a esa nueva parte de la humanidad alimentos, vestimenta, alojamiento, transportes, educación, salud, comunicaciones, diversiones, todas actividades que dependen de una intensa explotación de los recursos de la tierra (agrícolas y minerales).

Fuente: Revista Fortuna


http://www.enqueinvertir.com/suiza-capital-mundial-de-las-commodities.php

Comer o no comer: ¿quién decide?x Silvia Ribeiro    ::    Más articulos de esta autora/or:
En algunas zonas, aunque hay cosecha, no se puede usar porque por falta de lluvia las plantas no procesan los fertilizantes sintéticos y se vuelven tóxicas

Como serpiente que se muerde la cola, el sistema alimentario industrial –que es el principal causante del cambio climático global– se sacude por las pérdidas de cosechas debido a intensas sequías en Estados Unidos. 
En algunas partes, aunque hay cosecha, no se puede usar porque por falta de lluvia las plantas no procesan los fertilizantes sintéticos y se vuelven tóxicas para el consumo. 
Todo está relacionado al mismo sistema industrial: semillas uniformes, sin biodiversidad, con agrotóxicos y fertilizantes sintéticos, con alto uso de transportes, energía y petróleo –por tanto gran emisor de gases de efecto invernadero– y controlado por trasnacionales.
En el caso del maíz, la escasez se exacerba porque 40 por ciento de la producción en Estados Unidos se destina a etanol, es decir, a alimentar autos en lugar de gente.
Al ser Estados Unidos uno de los principales exportadores mundiales de maíz, soya y trigo, junto al hecho de que 80 por ciento de la distribución global de cereales está en manos de cuatro multinacionales que gestionan el abasto para obtener más lucros, la baja de producción en ese país tiene efecto dominó sobre el mercado global, donde los precios de los alimentos están disparados. 
Además de los granos, suben los precios de aves, puercos y res, ya que más de 40 por ciento de la producción de cereales del mundo se usa como forraje para cría industrial confinada de animales. 
Otro absurdo del mismo sistema agroindustrial, ya que sería mucho más eficiente usar los cereales para alimentación humana y consumir menos carne, o que la cría fuera en pequeña escala con forrajes diversificados.
 La cría industrial confinada y masiva de animales es el origen, además, de epidemias como la gripe porcina y aviar, que a su vez generan escasez y aumento de precios, como hemos visto recientemente en México con el aumento de precio de los huevos por un brote de gripe aviar.
Los que más sufren por los aumentos de precios son los más pobres, principalmente los urbanos, que usan 60 por ciento de sus ingresos en alimentos.
Por el contrario, la veintena de transnacionales que controlan el sistema alimentario agroindustrial (de Monsanto a Wal Mart, pasando por Cargill, ADM, Nestlé y algunas más), las que controlan las semillas y pies de cría, los agrotóxicos, la compra, distribución y almacenamiento de granos (también para biocombustibles), los procesadores de carnes, alimentos y bebidas, así como los supermercados, son los responsables de las crisis, pero se han blindado contra sus efectos –trasladando las pérdidas a los productores chicos, a los consumidores y al gasto público. 
Para ellas, el caos climático y la escasez no significan pérdidas, sino aumento de ganancias, como sucede con las semillas, agrotóxicos y fertilizantes que se vuelven a vender, o las empresas que almacenan cereales, los acaparan y especulan vendiéndolos más caros, o los productos en supermercados, cuyo precio aumenta mucho más que la proporción al inicio de la cadena.
El caso del maíz en México es ilustrativo. Pese a que los agricultores del norte del país afirman tener 2 millones de toneladas para vender, recientemente se importaron 1.5 millones de toneladas de Estados Unidos (transgénico), y por otra parte venderá 150 mil toneladas a El Salvador y otra partida a Venezuela. 
Anteriormente había comprado medio millón de toneladas a Sudáfrica. Absurdo para el clima, por los transportes innecesarios, y brutal contra la producción nacional. 
Cuestionado, el secretario de Economía, Bruno Ferrari (anteriormente funcionario de Monsanto), se lavó las manos, alegando que es una decisión de empresas privadas.
El trasfondo, como explica Ana de Ita, del Centro de Estudios para el Campo Mexicano (Ceccam), es que en el contexto de las políticas para liberalizar la producción agrícola nacional que precedieron a la firma del TLCAN, se desmanteló la Conasupo, que equilibraba el comercio interno de maíz, entregando el mercado interno a las trasnacionales: empresas como Cargill, ADM, Corn Products International, junto a grandes porcícolas, avícolas y de procesamiento industrial de tortillas. 
Éstas compran a quien les convenga, sea porque es más barato o por otras razones, como comprar a agricultores con los que tienen contratos de producción en Estados Unidos.
Ese tipo de empresas –y sus ex funcionarios en el gobierno, como Ferrari– son las que afirman que hay que importar maíz, porque la producción nacional no es suficiente. Sin embargo, México ha producido en los últimos años alrededor de 22 millones de toneladas anuales, y el consumo humano es de unos 11 millones. 
Se usan en derivados industriales otros 4 millones de toneladas, restando aún 7 millones. 
Pero las empresas importan 8-9 millones de toneladas anuales adicionales, porque se usan 16 millones de toneladas de maíz en la cría industrial masiva de aves y cerdos –tambien de grandes empresas.
Si la cría fuera descentralizada y con forrajes diversos se tendría suficiente producción, sin epidemias y sin maíz transgénico de trasnacionales, con muchas más fuentes de trabajo rural. La importación de maíz a México no es necesaria, es sencillamente un negocio entre trasnacionales, condonado y subsidiado por el gobierno.
Si las políticas públicas protegieran la producción agrícola y pecuaria diversa y de pequeña escala, con semillas propias y públicas nacionales, se diversificarían los riesgos –incluso climáticos– y tendríamos producción alimentaria suficiente, accesible y de mucho mejor calidad.
* Investigadora del Grupo ETC