La ONU quiere hacer la guerra en el Congo ¿Para quienes, para qué y contra quienes?



La ONU quiere hacer la guerra en el Congo ¿Para quienes, para qué y contra quienes?Jean-Paul Kimonyo 

La ONU en la República Democrática del Congo (RDC) se encuentra en misión de estabilización del estado predador congoleño, y parte de su fracaso en la estrategia de estabilización se debe a la inseguridad que deriva de los conflictos entre comunidades en relación con la tierra, la ciudadanía, el control del espacio y la externalización de la inestabilidad a sus vecinos.

La secuencia de eventos hace que queden muy claras las causas inmediatas que promovieron la rebelión del M23 (N. de la T.: 

El Movimiento 23 de marzo es un grupo armado surgido en abril de 2012 que opera en la República Democrática del Congo. 
Sus miembros son principalmente ex integrantes del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, y es opositor al actual gobierno congoleño). 
En realidad, todo comenzó en febrero de 2012 con el intento fallido, por parte de algunos países occidentales, de arrestar a Bosco Ntaganda como condición para el reconocimiento de Kabila como presidente, tras las desordenadas y -por muchos consideradas- fraudulentas elecciones de noviembre de 2011 [1]. 
Con este apoyo político, en vez de quitarse del medio a Ntaganda, el ejército congoleño – las FARDC- usó esa oportunidad para montar un ataque contra la mayoría de los ex comandantes del CNDP 
[N. de la T.:Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo es el nombre del gobierno rebelde de la región norte de Kivu, y está liderado por el general Laurent Nkunda
en Kivu del sur durante la última semana de marzo de 2012 -provocando las primeras deserciones que conducirían a la creación del M23- antes de hacer lo mismo en Kivu del norte diez días después. 
Su objetivo: lograr que los ex comandantes de la CNDP pierdan su influencia en la región de Kivu desplegándolos fuera de la misma, una jugada que dejaría a las comunidades ruandófonas muy vulnerables a los ataques de las genocidas fuerzas rebeldes ruandesas, las FDLR 
[N. de la T.: Se denomina comunidades ruandófonas a las que hablan kinyaruanda, lengua común de Tutsis y Hutus en Ruanda. Actualmente hay una importante cantidad de ruandófonos en la RDC] .

¿Narrativas de la deserción? 

Un grupo de actores no estatales, instituciones y activistas profundamente hostiles a Ruanda han logrado orientar las conversaciones sobre la crisis creando una narrativa -que culpa a Ruanda por la creación del M23 y la hace responsable última del conflicto- que ha sido vendida exitosamente a periodistas compasivos. 

El gobierno congoleño, cuya responsabilidad en la crisis fue eliminada en dicha narrativa, se cubre a sí mismo en esta legitimidad inesperadamente alentada y se rehusa a oir el descontento de sus ciudadanos, evocando intromisiones foráneas que conducen a una renovación del militarismo y más privaciones para cientos de miles de personas. 

El daño causado por esta narrativa aun no puede medirse en su totalidad. 
Al ignorar las causas reales del conflicto, la ruptura de la precaria -y, también, imperfecta- paz el 23 de marzo de 2009 involucra a los no del todo perfectos ex compañeros de la CNDP y aboga por soluciones militarizadas, la comunidad internacional está exponiendo al Congo oriental y regiones aledañas a situaciones de privación y violencia aun mayores, que no puede saberse con certeza cómo podrían terminar. 
Las llamadas militaristas de los soldados de MONUSCO [N. de la:T: Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo] a “hacer lo que se supone que debemos” que han debilitado el proceso de negociación de Kampala entre el M23 y el gobierno, y la ONU tratando de reemplazar la postura arbitral de la fuerza regional neutral, son parte de una nueva etapa en el proceso que conduce, principalmente, al rebrote de la violencia en el Congo oriental. 
Por qué entonces tanta gente cree en esta narrativa sobre el M23/Ruanda y qué se esconde tras de ella?

Las narrativas peligrosas del Congo 

Sorprendentemente profética, la investigadora Severine Austesserre de la Universidad de Columbia del Congo explicaba, en febrero de 2012 -antes del estallido de la crisis- las nefastas consecuencias de las “Narrativa Peligrosas” en el Congo y el poder de atracción de estas narrativas simplificadas [2]. 

Una narrativa es una historia que la gente crea para otorgar sentido a sus vidas y circunstancias. 
Ayuda a moldear la manera en que percibimos el mundo y así orientar nuestras acciones hacia nuestro alrededor. 
Las narrativas tienen marcos que dan forma a lo que puede parecernos un problema y lo que no, autorizan prácticas y políticas específicas mientras que excluyen otras. 
Con el tiempo, la narrativa y las prácticas que autoriza comienzan a ser tomadas como naturales, dadas, y las únicas posibles de concebir. 
Suponiendo una bienintencionada predisposición de quienes promueven las principales narrativas que la investigadora identifica en el Congo -y a pesar de sus consecuencias dañinas e involuntarias- explica que esas narrativas les sirven a muchos en ese país. 
Los medios de comunicación necesitan encontrar una historia que su audiencia pueda fácilmente comprender y recordar, y que quepa en pocas páginas.
 Funcionarios y asesores en las sedes de los ministerios de defensa y relaciones exteriores enfrentan un desafío similar por razones burocráticas internas. 
Organizaciones de ayuda humanitaria y agencias de cooperación utilizan la narrativa simplificada para recaudar fondos para sus programas o movilizar seguidores. 
Los eventos para recaudar fondos y conseguir apoyos logran más éxito cuando ponen por delante una narrativa simple, y la historia es más probable que resuene en su audiencia si incluye individuos “buenos” y “malos”, o una clara división entre vícimas y victimarios. 
En el caso de la (demasiado) amplia misión de paz de la ONU en el Congo, que cuenta con 17.000 personas y cuyo costo anual es de 1,7 mil millones de dólares, quisiera agregar que también necesita justificar su existencia.

Austesserre afirma que la necesidad de encontrar una narrativa simple es muy importante en el caso del Congo dado que los políticos y el público en general usualmente perciben el conflicto como extremadamente complejo e inabordable. 

Las narrativas simples ayudan enormemente: identifican aspectos destacados, indican acciones urgentes y ayudan a determinar quién debe ser apoyado y quién debe ser desafiado. 
El artículo de Austesserre no hace referencia a la narración de “Ruanda como creadora del M23”, pero su argumento es igualmente muy útil para entender su popularidad. 
Extrapolando su marco conceptual a la crisis del M23, podría decirse que este marco ayuda a explicar por qué tantas personas e instituciones están, convenientemente, sosteniendo y reproduciendo esta narrativa. Pero yo diferiría en la presunción de neutralidad o buena intención de aquellos que lideran la peligros fábula del M23/Ruanda, como si ellos eligiesen casi al azar a los “buenos” y a los “villanos”.

Cuando Steven Hege, ex coordinador del Grupo de Expertos de la ONU y principal denunciante de Ruanda por la crisis del Congo, escribe en un artículo de 2009 que las FDLR deben ser contempladas a la luz de una historia regional de rebeliones armadas compuestas por refugiados y/o exiliados políticos quienes eventualmente han tomado el poder de regímenes antidemocráticos [3], resulta bastante difícil creer en su neutralidad. 

La justificación de la manifestación de simpatía de Hege hacia la FDLR a pesar de los terribles crímenes que siguen cometiendo contra los congoleños y el rol de sus principales líderes en el genocidio de Ruanda de 1994, es difícil de sostener. 
En mayo de 2008, unos meses antes de la publicación del artículo de Hege, Chris McGreal -periodista de The Guardian– relató desde un campo de la FDLR que un combatiente de catorce años le dijo que tenía que matar a “la mayor cantidad posible de Tutsis” repitiendo lo que le habían enseñado [4]. 
Debido a ello, generalmente la gente no empatiza con la FDLR tanto como se resiente con Ruanda. El sesgo anti-Ruanda de Hege puede explicarse también por su cercanía a algunas retrógradas ONG cristianas que apoyaron al ex régimen ruandés y que luego del genocidio terminaron en el lado equivocado de la historia.

Human Rights Watch es otro importante promotor de la narrativa del M23/Ruanda

Creer en la imparcialidad de esa organización podría no sólo ser ingenuo sino estar fuera de lugar, considerando la tradicional postura de HRW de no tener piedad por Ruanda [5]. 
Por eso no resulta sorprendente conocer que la organización pagó para que testigos acusen a Ruanda de ayudar al M23, llamando eufemísticamente a estos desembolsos “costos de viaje” [6].

La pantalla de humo sobre la crisis erigida por estos politizados actores no estatales oculta lo que muchos congoleños llaman “lo absurdo de la situación en el Congo” en la que la comunidad internacional sigue gastando miles de millones y acaba sembrando las semillas de la confusión y de más violencia al asistir a un régimen predatorio. 

Aquí nuevamente, algunos investigadores independientes desligados de las narraciones peligrosas del Congo colaboran echando algo de luz a esta situación oscura [7].

Estabilizando la depredación 

Una ampliamente extendida -y aquivocada en el caso de los países desarrollados- suposición en la comunidad internacional es que en las situaciones posteriores a los conflictos la consecución de la paz y la estabilización son virtualmente sinónimos; crear las condiciones para una es lo mismo que para la otra al ser los dos procesos recíprocos y estar mutuamente apoyados [8]. 

Sobre esa base, los actores internacionales asumieron que las históricas primeras elecciones democráticas del Congo, en 2006 terminarían con una década de conflictos y serían el puntapié de la construcción de una paz extendida a todo el país, particularmente para el este. 
En consecuencia, el rol de la misión de paz de la ONU, la MONUC, el principal canal para el compromiso internacional en el proceso de paz del Congo, tenía que cambiar. 
La urgencia en el cambio de rol para la misión de la ONU se tornó más profunda cuando, a fines de 2006, el presidente Kabila comenzó a deslizar su deseo de que la MONUC tenía que redefinirse. 
El precio para la continuidad de la presencia de la amplia misión de la ONU era cambiar el rumbo y pasar de ser una misión de cuidado de la paz a una misió n de estabilización, otorgando un apoyo incondicional al gobierno del presidente Kabila. 
El concepto de estabilización alude a la persecución, por parte de poderosos actores internacionales, de un imperativo de seguridad para el mantenimiento de la paz apoyando militarmente un orden político particular. 
El concepto surgió después del 11/9 y las intervenciones occidentales en Afganistán e Irak, dirigido a los gobiernos débiles, la inestabilidad endémica y a los conflictos violentos en esos países.

El problema es que desde 2006, el estado congoleño no se reformó y permaneció esencialmente predatorio, comportándose como la facción en guerra que solía ser, especialmente en el Congo oriental, como quedó demostrado tras la última crisis. 

“En ausencia de una reforma significativa, la estabilización ha sido implementada en un ambiente político en el cual el gobierno está estructurado alrededor de las mismas dinámicas de poder que existieron durante los puntos más álgidos delconflicto del Congo
Estas dinámicas están definidas por la ausencia de liderazgos responsables tanto a nivel local como nacional, y la extrema centralización del poder formal en Kinshasa (…)
 Los problemas de exclusión social y política están en el centro de la inestabilidad en el Congo y continúan incrementando las tensiones a nivel local, particularmente sobre la tierra y la etnicidad [9].

La política de estabilización de la comunidad internacional en el Congo comenzó en 2008, pero se hizo más presente en 2010 cuando la misión de la ONU fue renombrada MONUSCO, lo cual revela el énfasis colocado en la estabilización, alineando y comprometiendo aun más a la ONU con el estado congoleño [10]. 

La política de estabilización puesta en marcha a través de Estrategia de Apoyo a la Estabilización y Seguridad Internacional (ISSSS, en inglés) estableció cinco objetivos: mejorar la seguridad mediante -entre otras medidas- fortalecer el ejército congoleño, apoyar el proceso político, reforzar la autoridad estatal, facilitar el retorno, la reintegración y la recuperación y, finalmente, combatir la violencia sexual. 
En general, se suponía que la estrategia de estabilización combatiría las causas del conflicto mediante mejoras en el ejercicio del gobierno, y su área de intervención sería la región oriental del Congo.

El impacto de la estabilización 

Sólo tres años después, en 2011, la seguridad en el Congo oriental ha empeorado allí donde se focalizaron las actividades de estabilización. 

A pesar del reforzamiento de la autoridad del estado sólo un componente -la construcción de caminos e infraestructura- aparentemente ha tenido un buen desarrollo, aunque sin conducir a mejoras en la seguridad o al despliegue de funcionarios civiles en las áreas recientemente habilitadas. 
Un ex funcionario del programa de estabilización cuestionó el mandato de la MONUSCO y manifestó que pareciera que, más que contribuir a reforzar la capacidad del Estado, las Naciones Unidas han actuado como un sustituto del estado. 
El componente regreso, reintegración y recuperación económica del plan de estabilización -central para la demanda del M23 de retorno de los refugiados congoleños Tutsi- ha resultado en un rotundo fracaso. 
Pocas de las 1,7 millones de personas desplazadas internamente por el país y los cientos de miles de congoleses refugiados en Ruanda, Uganda, Burundi y Tanzania, han regresado. 
Y donde lo han hecho, ha sido al margen del proceso formal y ha agravado las tensiones entre comunidades. 
En cuanto a la recuperación económica, la RDC ocupaba el puesto 187, el último del Indice de Desarrollo Humano en 2011, mientras que en 2008 estaba entre los últimos diez países.
 “La persistencia de instituciones estatales débiles y corruptas es aun más visible en el sector de la seguridad, ya que la armada congoleña (las FARDC) están desde siempre mal remuneradas y pobremente entrenadas (…) 
Estando vivo el espíritu de Mobutu allí donde los soldados no reciben su salario y viven de la población civil, las FARDC son la única y principal amenaza para los congoleños y parte de su rutina es aterrorizar, pedir dinero por protección, saquear poblados, violar y asesinar civiles” [11].

Parte del fracaso de la estrategia de estabilización en el Congo se debe a que la inseguridad se origina en conflictos entre conunidades que tienen que ver con la tierra, la ciudadanía y el control del espacio, y la externalización de la inestabilidad entre vecinos, particularmente por las FDLRC. 

Pero la continuada ausencia de un estado que funcione, debida a la inexistencia de una capacidad o voluntad política para intervenir sobre las prácticas patrimoniales y predatorias de las poderosas élites sigue siendo el principal obstáculo para el cambio en el Congo. 

Los aliados internacionales del Congo se han asociado acríticamente con el estado congoleño a pesar de la naturaleza de sus acciones. 

El instrumento recurrente de negociación usado por el presidente Kabila ha sido la amenaza para tener la primera misión de la ONU, la MONUC, luego retirada por la MONUSCO. 
Pero otros aspectos han asimismo contribuido al debilitamiento de la influencia de la comunidad internacional. 
“La influencia diplomática de occidente fue aun más debilitada por los estrechos lazos económicos de Kabila con China y otros benefactores no tradicionales que buscaban construir buena parte de la necesaria infraestructura en el Congo a cambio de recursos naturales, sin buenas condiciones de gobernabilidad [12]. 
Enfrentados a la creciente intransigencia del presidente Kabila muchos socios occidentales, para evitar el riesgo de que los dejen afuera de lucrativos contratos mineros, optaron por concentrarse en la asistencia técnica -incluyendo la MONUSCO-, confiriendo de este modo legitimidad al estado por asociación.

Algunos países occidentales han reorientado sus esfuerzos a las reformas en el sector seguridad como si en el contexto congolés pudiese reformarse el ejército y la policía sin modificar el estado. 

De hecho, esta inversión en las FARDC motivó a ciertos países occidentales a alentar a estas fuerzas a atacar a sus ex colegas de la CNDP en abril de 2012. 

Las caóticas y -por muchos señaladas- fraudulentas elecciones presidenciales de 2011 han debilitado la capacidad de negociación directa del presidente Kabila con algunos países occidentales. 

A cambio del reconocimiento de su victoria, una de las acciones que se le requirieron fue la de arrestar a Bosco Ntaganda [N. de la T: Bosco Ntaganda, ruandés de etnia tutsi, fue comandante de la CNDP y es buscado internacionalmente por crímenes de guerra]. 
Estos países deberían haber conocido mejor la situación. 
En la ya tensa relación entre las FARDC y los ex CNDP hubo una licencia otorgada al presidente Kabila para actuar contra sus rivales en la región de Kivu reiniciando así el no del todo latente conflicto entre los llamados ruandófonos y sus competidores a nivel local, regional y nacional. 
Y así, cuando el estado congolés está en guerra con una organización ruandófona, la tendencia es que busque el apoyo de las FDLR y que de inmediato comience la dimensión regional del conflicto.

Con las negociaciones empantanadas entre el gobierno congolés y el M23, los rumores de agresividad emanados de la MONUSCO, amenazando con enfrentarse militarmente con el M23, no ayudaron a encontrar una solución al conflicto; una vez más está en las manos del presidente Kabila hacer jugadas más riesgosas. 

La nueva dinámica posibilitada por la próxima formación de una fuerza regional neutral debería darle a la ONU la oportunidad de corregir el error fundamental que cometió al apoyar incondicionalmente a las FARDC en este conflicto, cuando en realidad es una facción en el conflicto.

Las comunidades ruandófonas en el Congo han sido raramente servidas por sus representantes, por decirlo de una manera suave. 

Pero la recurrencia de los conflictos que involucran a estas comunidades desde 1993, independientemente de la identidad o el comportamiento de quienes dicen representarlas indica la necesidad de encontrar una solución duradera que reconozca inequívocamente sus plenos derechos ciudadanos, un espacio seguro donde vivir y prosperar en Kivu del norte junto a sus barrios mientras se erradican las constantes amenazas de la FDLR. 
Hasta ahora, el estado congolés ha sido incapaz y renuente a proporcionarlo. 

Informe Congo: 

Uruguayos, donde fueron a parar

Soldados formados en base uruguaya de Goma. Foto: Montevideo Portal


25.01.2012

La vida uruguaya en el Congo

Alrededor de setecientos militares uruguayos convivirán en el Congo hasta octubre de este año, en un nuevo período de la Misión de Paz de Naciones Unidas en ese país. Montevideo Portal compartió el relevo de efectivos y registró postales del país africano.
Galería de fotos. Por Sergio Pintado, enviado especial 

La base militar “Siempre Presente”, que se centraliza la actividad de todo el contingente uruguayo en el Congo, se encuentra ubicada en la ciudad de Goma, el este del país africano. 

Allí, alrededor de 700 militares conviven durante diez meses, período que hay entre cada relevo de efectivos.
Contenedores aportados Naciones Unidas funcionan como habitaciones para los efectivos, y también como baños, comedores y para otros servicios como lavandería, cocina, enfermería y sala de asistencia odontológica.

Además, los efectivos cuentan con un gimnasio que pueden utilizar en cualquier momento y con un cyber desde el que pueden conectarse a Internet en sus ratos libres.

En el casino de los oficiales, ubicado en el centro del predio de la base, funciona una suerte de “quincho” en el que los militares se reúnen los fines de semana o cuando se festeja el cumpleaños de algún miembro del batallòn.

En ese sector, además, se encuentra el espacio “La Cumparsita”, compuesto por dos barras y varias mesas. 

Allí, una vez por mes los uruguayos abren las puertas de su base para recibir a miembros de contingentes de otros países y otros funcionarios de Naciones Unidas, en lo que se conoce como “noches de Tango Bar”.

Reuniones que comienzan a las ocho de la noche y terminan sobre la medianoche, porque es la hora en que todos los funcionarios deben estar en sus bases, según las disposiciones de la ONU. 
Durante el evento, los uruguayos venden cervezas y refrescos a precio de costo, para poder financiar la próxima edición del festejo.

Con menos alegría que el Tango Bar es mencionado el “Rincón del Hacha”, espacio diseñado en honor a uno de los sentimientos que acompaña a los efectivos durante su estadía en las misiones de paz.

En la jerga militar, el “hacha” es el sentimiento de tristeza que invade a los efectivos cuando extrañan a su familia y a su entorno en Uruguay. Según dicen los propios militares, cuando un efectivo está “hachado”, está más propenso a enfermedades como la malaria.


Kimua: base uruguaya en medio de la selva

Bienvenidos a la jungla

Una de las bases uruguayas más pintorescas del Congo es la de Kimua, ubicada en medio de la selva congolesa y accesible sólo por helicóptero. 

La base “Charrúa” se instaló en 2011 para evitar los enfrentamientos entre dos grupos armados, lo que puso a los uruguayos más de una vez en el “fuego cruzado”. 
De todas formas, se destaca la buena relación con los locales, que pasan el día cerca de la base y hablan “uruguayo”. 
Todos los militares uruguayos en el Congo coinciden en que la situación “más complicada” está en la localidad de Kimua. 
A 80 kilómetros de Goma, o a media hora de viaje en helicóptero, Kimua es una de las varias villas que pueden encontrarse en medio de la selva congolesa.

Al llegar, lo primero que llama la atención es la gran cantidad de locales que pasan las horas apostados tras los alambres de púas que definen los límites de la base. 


Son habitantes de Kimua que decidieron mudarse a los alrededores de la base buscando seguridad, ya que pueden refugiarse en ella en caso de ser atacados.

“Charrúa” existe desde abril de 2011, cuando un batallón uruguayo fue enviado a la zona con el objetivo de dar apoyo al puesto del programa DDR de las Naciones Unidas, encargado de la desmovilización, el desarme y la repatriación de civiles. 

La razón de que estemos acá es cuidar a un solo funcionario de Naciones Unidas”, explicó a Montevideo Portal el capitán Erik Balintski, jefe de la base en Kimua. 

Explicar el conflicto en Kimua no es nada sencillo, ni siquiera para los militares que están en la zona desde hace meses. 
La zona selvática cercana a la villa fue hasta hace meses territorio del Frente Democrático para la Liberación de Ruanda (FDLR), grupo armado de ruandeses que opera en todo el este del Congo desde el final del genocidio de ese país.

En algunos años, el FDLR logró ocupar varias ciudades congolesas y explotar minas de coltan y diamantes de la zona, con lo que consiguió financiar la compra de armamento. 


La magnitud de sus operaciones pronto convirtió al FDLR en el principal enemigo del gobierno congolés, que destinó misiones especiales de su Ejército para destruirlos.

La única forma que encontró el Ejército congolés de hacer frente al FDLR en zonas selváticas y aisladas como Kimua – un ejército poco profesional y sin personal capacitado – fue apoyar la creación de “fuerzas de autodefensa” conformada por población local. 

Con armamento y preparación del Ejército local, en Kimua comenzó a funcionar uno de estos frentes, con el único objetivo de no permitir el avance del FDLR.

Sin embargo, y algo que según cuentan es muy habitual en el Congo, las fuerzas de autodefensa acabaron definiendo una estructura y objetivos propios, independizándose del Ejército local y autodefiniéndose como Fuerza de Defensa Congolesa (FDC).

Actualmente, los efectivos uruguayos apostados en Kimua son testigos en primera línea de los enfrentamientos entre FDC y FDLC. 

De hecho, la base uruguaya se encuentra literalmente en medio de los puestos de ambos bandos, lo que en algunas ocasiones puso a los uruguayos en medio del fuego cruzado.

Sin embargo, el mayor Pedro Gómez explica que los efectivos de Naciones Unidas están relativamente seguros porque “nunca son el objetivo de los grupos armados”. 

Según Gómez, “lo único que nos salva es ser neutrales”, ya que “hay códigos que todavía respetan”. 
En ese sentido, recordó que recientemente efectivos del FDLR incendiaron una villa cercana a Kimua, aunque dejaron intacta la iglesia.

La base

A diferencia de Goma, la base de Kimua no está compuesta por contenedores, sino por carpas. 

De todos modos, cuenta con comedor, cocina, enfermería, un gimnasio improvisado y otros espacios que, aunque de forma precaria, sirven para el esparcimiento del personal.

El propio Balintzki confesó que la base tiene dos “vedettes”. Una de ellas, y según la opinión de varios fundamental para mantener la moral de las tropas, es la antena para internet. 

La misma brinda servicio wi-fi en toda la base y permite ver a los militares entretenidos con sus computadoras personales en sus ratos libres.

La otra “vedette” es la planta potabilizadora de agua, que purifica el agua destinada al consumo y la cocina de todo el personal, aunque no la utilizada para las duchas. 

Esta planta no es manejada por funcionarios de OSE, como sí sucede con las de otras localidades, sino que está a cargo de los ingenieros militares.

Apenas se sale de la base, puede verse una improvisada enfermería que los uruguayos instalaron para atender a la población local. 

La estructura de la enfermería es muy precaria, apenas una pequeña carpa con una camilla de plástico, porque su instalación “no estaba dentro de los objetivos de las Naciones Unidas”, sino que se instaló por iniciativa del contingente uruguayo.

Allí el médico del batallón atiende a la población local, que se acerca a veces con heridas de bala o infecciones, así como mujeres embarazadas que llegan a punto de parir.

Galería fotos de The Guardian 

 En una carretera cerca de Goma, en el este de la República Democrática del Congo, un vehículo de la ONU pasa a los refugiados que huyen de sus hogares debido a los combates en el área 


 Milicianos hutus del Frente Democrático para la Liberación de Ruwanda esperando una resolución de la ONU


Notas:
[1] Sterns, Jason, ‘Adieu, Bosco?’, blog Congo Siasa, 30 de marzo de 2012. http://congosiasa.blogspot.com/2012_03_01_archive.html
[2] Austesserre, Severine, ‘Dangerous Tales: Dominant Narratives on the Congo and Their Unintended Consequences’, African Affairs, febrero de 2012.
[3]Hege, Steve, ‘Understanding the FDLR in DR Congo: Key facts on Disarmament and Repatriation of Rwandan rebels’, Peace Appeal Foundation, 24 de febrero de 2009.
[4] ‘We have to kill Tutsis wherever they are’, Chris McGreal, The Guardian 16 de mayo de 2008.
[5] Caplan, Gerald, ‘17 years later: What is the truth?’ Pambazuka News, 19 de octubre de 2011 http://pambazuka.org/en/category/books/77258
[6] ‘Droit de reponse de Human Rights Watch’. Liberation, 23 de diciembre de 2012. http://www.liberation.fr/monde/2012/12/23/droit-de-reponse-dehuman-
rights-watch_869753
[7] El apartado sobre el proceso de estabilización en el Congo ha sido inspirado principalmente por Emily Paddon y Guillaume Lacaille, autores de ‘Stabilizing the Congo’, Forced Migration Policy Briefing 8, Refugee Studies Centre, Oxford Department of International Development, University of Oxford, Diciembre de 2011.
[8] Brunell, Peter, ‘The Coherence of Democratic Peace-Building’, United Nations University, Research Paper No. 2006/147, noviembre de 2006.
[9] ‘Stabilizing the Congo’.
[10] Ibid.
[11] Ibid.
[12] Ibid.
Jean-Paul Kimonyo es doctor en ciencias políticas por la Universidad de Quebec, autor de Rwanda:The Popular Genocide y asesor del Presidente de Ruanda.